Que apasionante resulta ver las diferentes lecturas de un peinado. Por favor, desde aquí pido un poco de reflexión a los estilistas y a cada cual por la parte que le toca. Por favor, reflexionad un poco antes de entrar en la peluquería. Algunas modas resultan desastrosas.

Cómo me he divertido mirando el contenido del libro Bad Hair que una amiga encontró por casualidad en Colette y no resistió la tentación enseñármelo. Y desde luego acertó de lleno. La historia de los peores se refleja muy bien en este gracioso libro.

Una cosa es levantarse un día con los pelos de punta y otra muy distinta que tu peluquero tenga lo que se llaman un Bad Hair Day. O le de  por hacer un corte de investigación sobre nuestra propia cabeza.

Te lo advierto porque es importante, mira muy bien en manos de quién te pones. Yo hace años entré a una peluquería y me recibió una “moderna” con ganas de realizar toda su inspiración fashion sobre mi cabeza. Menos mal que la ví venir y cuando me dijo que me iba a dar unos rayitos en el flequillo salí corriendo de la peluquería, me quité la capa del tinte y cogí a mi niña de la mano para salir de allí cuanto antes. Me despedí diciendo adiós…

Esa vez pude echar marcha atrás, y consegui escapar, pero me temo que mi hija guarda en el subconsciente aquella hazaña como un trauma infantil, y por eso, le tiene un miedo terrible a los y a las peluquerías. En otra ocasión lloró durante horas después de un corte de flequillo estilo papagayo. Siempre que hay tijera, coloración y rulos o planchas de por medio hay peligro.

¿Has encontrado ya al peluquero de tu vida o sigues buscando? El que encuentra un buen peluquero no sabe lo que tiene.

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