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Mi amigo A. escribe obras de teatro. En cierta ocasión andaba escribiendo una historia coral muy centrada, valga la redundancia, en el desarrollo de los personajes y en entretejer sus líneas vitales según sus diferencias sexuales, un poco como la vida misma.

Cuando le pregunté qué características tenía la mujer según él, citó, entre una buena serie de ellas, “obsesión por la belleza”. Me llamó la atención.

Mi amigo A. no sólo escribe teatro sino que también ha sido uno de los principales impulsores de la acampada del 15M en Sol.

Ahora que andamos todos de asamblea en asamblea y de reivindicación en reivindicación, quiero aprovechar el vaso comunicante de este amigo de aguda inicial –e ingenio- para lanzarte una serie de preguntas: ¿te obsesiona la belleza? ¿Cuánta energía y dinero le dedicas? ¿A veces te tienta mandar la dieta a la porra y dejarte llevar por la molicie y el “vivir, que son dos días”? ¿Terminas agotada cuando cierras un suplemento de belleza de cualquier revista femenina, pensando que no estás haciendo lo suficiente?

Participante de un concurso de belleza infantil

Participante de un concurso de belleza infantil

Reconozco que a medida que pasan los años, me vuelvo más y más rebelde y más y más perezosa. Qué demonios, ¡estoy indignada! Estoy harta de la operación bikini de cada año –vaticino, eso sí, que le quedan dos telediarios como entente mediático-, de las absurdas dietas milagro de moda, de que me animen desde los medios femeninos a preocuparme por el aspecto de cada cm de mi cuerpo, de las caras y cuerpos de las que han abusado de la cirugía estética, de las pobres chavalas en el ojo del huracán fagocitadas hasta la médula por un canon ridículo… –véanse las fotos en bikini de Sara Carbonero de este año para ilustrar con mayor elocuencia esta frase-. Dios me libre de juzgar la vida de los demás, pero francamente, no parece una manera muy divertida de pasar el escaso tiempo que se nos concede aquí.

Las señoritas no sé, yo corto la baraja.

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En el otro extremo estaría la artista estadounidense Lydia Lunch, que lleva unos años enarbolando la proclama inversa sobre su propio cuerpo, derribando la barrera del activismo de salón al dejarse engordar  y afear conscientemente. Yo jamás tendría las santas narices de hacer lo mismo y no puedo hacer más que admirarla. Tampoco “hace falta” irse tan lejos.

Tú sabes que aquí abogamos por la sensatez. Por el cuidado por dentro que tiene a bien notarse por fuera. Por la paz de espíritu que relaja milagrosamente las facciones casi tanto como un chute de vitaminas. Por quererse de esa manera que da seguridad en una misma, mucho más atractiva que un cuerpo perfecto. Y también por el uso de una cosmética acorde con las necesidades de la piel, extremando precauciones ante el sol y las agresiones externas –es bonita una piel sana y limpia-, un maquillaje que saque lo mejor de ti y una moda con la que te diviertas y muestres la mujer que te ha apetecido ser hoy.

Basta ya de encorsetamientos, de intentar copiar modelos de belleza y de pretender encontrarla por la vía del sufrimiento.

Que no tengas que esperar hasta dentro de veinte años para ver tus fotos actuales y darte cuenta de lo guapa que en realidad “eras”. Que ese maravilloso segundo cromosoma x que te ha caído en gracia no signifique obsesión por la belleza. Eres una mujer en un mundo libre con una vida llena de posibilidades. Le jour de la joie est arrivée.

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