
Vuelve cada año, como los mosquitos, la sandía, las terrazas, o los gritos de “Toñooooo, báñate pero no te mojeeeeees”. No me refiero a la canción del verano, pero es casi tan plomífera e igual de efímera.
Últimamente echaba de menos en el gimnasio las conversaciones sobre chocolate –ese grandísimo enemigo-, lorzas imaginarias, números en la báscula, y trucos para elevar el culo –aunque ahí se llama glúteo-. Han bastado dos días de calor para que aúlle con furia numantina porque vuelvan las quejas sobre la crisis que habían ganado terreno en nuestros corazones de esforzadas españolas, con nuestros recortes por todas partes. Si no nos los imponen ya nos los buscaremos nosotras.
Hazte el favor de darle margen a esa cabeza, anda. Una cosa es quitarte unos kilos siguiendo un programa personalizado por un especialista y otra liarte la manta y seguir el decálogo de lo que NO se debe hacer.