
Foto de Luis Olivenza
Gracias a una conocida marca de bebidas y a la crisis -que es responsable de casi todo-, los pueblos han recuperado el protagonismo que nunca debieron perder. Durante muchos años fueron relegados por destinos internacionales y exóticos, pero este cataclismo económico ha hecho que volvamos a nuestros orígenes en muchos sentidos, y en el regreso al lugar donde nacieron nuestros antepasados también. Ahora el que tiene pueblo tiene un tesoro y lo convierte en destino vacacional con el notable ahorro que eso supone, y el que no lo tienen lo adopta, ¿o es el pueblo el que te adopta a ti?
En otras épocas era más común que la familia entera se trasladara al pueblo. Los niños disfrutaban del contacto directo con la naturaleza, allí aprendían a montar en bici, a subir a los árboles, a destrozarse las rodillas con mil y una caídas, se bañaban en el río, y se enfrentaban cada día a esa frase maravillosa: ‘¿y tú bonit@, de quién eres?’, ‘pues yo de nadie’, era lo que me pedía el cuerpo responder siempre, pero al final respondías, ‘yo de fulanita de tal’, ‘ay, es verdad, si es que eres clavadita a tu padre’, cuando toda la vida te habían dicho que eras igualita que tu madre. Impagable. Como impagable también era el momento en el que, después de cenar, cuando ya empezaba a refrescar, los mayores sacaban las sillas a la puerta de las casas y comenzaba la charla. Si todavía no has comenzado tus vacaciones y el pueblo está en tu horizonte, aquí van algunos consejos, algunos en forma cosmética, que es lo nuestro, para que disfrutes del verano campestre. Seguir Leyendo »
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