El fiestón de Roberto Cavalli en Madrid pone broche final al verano

 

Ni el socavón económico que atravesamos ni la saturación de grandes marcas en la milla de oro frenaron que el rey del animal print, Roberto Cavalli, inaugurara con bombo y platillo su tienda madrileña. Una avalancha de cantantes, actores, aristócratas, top models y VIP nacionales atascaron la calle de José Ortega y Gasset y posaron para más de 50 fotógrafos a ritmo de música ‘house’ a todo meter y con champán a go-go.


No faltaron Carmen Lomana, Ana Rosa Quintana, Norma Duval y Matthias Khün, Imanol Arias su novia pintora Irene Meritxell, Cuqui Fierro, Lena Furiase, hija de Lolita, la arquitecta Teresa Sapey, Beatriz de Orléans, la cantante Edurne –peinada y vestida absolutamente a lo Rita Hayworth
Con una hora de retraso y en medio de una masa de gente que no podía ni acceder a la tienda, por fin apareció el diseñador florentino de 71 años, descendiente de una aristócrata familia, pero con gafas de matón, junto a la top Ariadne Artiles, espléndida. Roberto avanzaba despacito entre sus fans haciendo fotos con su móvil a los que le hacían fotos a él en medio de abrazos, besos. Entre el cuello y la cara, las huellas de la cirugía estética.

Todas las directoras de revistas femeninas le echaron algún piropo mientras él sonreía y hacía con la mano la uve de victoria. De ahí al restaurante Ramsés, de cuya puerta partían largas colas de invitados con taconazos, lentejuelas y el bronceado de las vacaciones. Demasiada gente para el local, abarrotado, donde actuó un ratito Joaquín Cortés.


Cavalli ya diseñaba minuciosos dibujos florales cuando era adolescente, que vendía a distintas compañías de textil.

Cavalli con Eugenia Silva

En los años 70 saltó a la fama al confeccionar prendas y accesorios patchwork mezclando las más opuestas texturas: serpiente con tul, cuero, seda, algodón o rafia. Las estrellas de cine se pegaban por sus trajes sirena con estampados de piel de leopardo y muchos brillos y metalizados. A veces demasiados, aunque su segunda línea, Just Cavalli, siempre ha compensado los excesos de la primera, que siempre mantuvo un poso e influencia de Gianni Versace.

Eva Reuss. "El lujo intangible. Siempre me sedujo, me impactó el lujo intangible. No los relojes suizos carísimos ni las estolas de zorro plateado ni los huevos Fabergé, sino el lujo que está, que flota o te rodea aunque no puedas tocarlo. El aroma del césped recién cortado, el timbre de voz de Neil Young o la fragancia de tu colonia favorita. Qué lujo". "Escribo desde que tenía cuatro años porque me gusta contar cosas, pero escribir de Belleza es contar pequeños relatos de estética, de un cosmos llenos de sueños, que tampoco pueden tocarse, de cómo estar más guapas, más luminosas, más jóvenes. Ah, el eterno femenino, que ya perseguían las etruscas o las momias egipcias. A veces la realidad es demasiado asfáltica, fea o acelerada. Qué gusto contrarrestarla con el aroma de una tostada o la voz, inaprensible y tintineante, de aquella Maria Callas..."

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