Sombreros de otoño-invierno, cabezas a cubierto

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No tengo ganas de preocupaciones. Cuando estreno sombrero me hace el efecto de que todos los números que conozco se borran de mi cabeza. Margaret Mitchell.

Cómo visten los sombreros, ¿no le parece? Encumbran el estilismo más plano, confieren elegancia y distinción y estiran la silueta, favoreciendo además un trampantojo de luces y sombras sobre el rostro que puede hacerle oneroso favor. Olvide sus prejuicios y temores, enquistados en nuestras sobrias costumbres hispanas en el vestir: ¡hágase el favor de usarlos! Piense en que algunos consiguen un aspecto tan interesante y cinematográfico que cualquier cosa que diga se escuchará con devoción. Si a las it girls les funciona esto de chanar sin abrir la boca, a usted también. Piense, además, en que podrá saludar cuando se encuentre con alguien retirándolo con atildado ademán, y eso que se lleva en galanía perdida. Todo ventajas.

¿Hay vida más allá del recurrente borsalino? Un vistazo a las pasarelas de la temporada arroja luz sobre la cuestión de la fugacidad de las modas. Este año se llevan los cowboy con cierto deje masculino –perfecto para looks andróginos-, las gorras de vagabunda (muy) chic y los sombreros oversized, agigantados como planetas saturninos, no aptos para vergonzosas y calados a ras de ceja.

Aunque en nuestro país, sobrio y poco dado a fantasías, vaticino escaso éxito para casi cualquiera de estas propuestas, le invito a considerar el sombrero como complemento a reivindicar. Pocas prendas enfatizan el carácter como ésta.

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Los sombreros cowboy oscilan a caballo entre las fronteras de género, entre las consideraciones masculino/femenino, para terminar resultando… declaradamente potentes y llenos de posibilidades. Como siempre con los sombreros, quien más aporta es usted. El tercero, similar al de torero pero crecido a lo alto, podría reclamar su espacio entre las amantes de las chisteras. Y del rebujito.

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Las gorras, de visera corta y cuerpo abullonado, encarnan el espíritu clochard (vagabundo, en francés) que siempre me hace pensar en Los Miserables de Víctor Hugo. Añada un poco de picardía a su caída de pestañas y será la reina del callejón. ¡Y además son calentitas!

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Mentaba la morfología de Saturno para describir los oversizeds, y es a ese planeta y no a otro al que remiten estos bombines sobredimensionados. Se encasquetan (que viene de casquette, gorra en francés; se conoce que en ese país son más dados a la sombrerería) de modo que apenas sobresalga la mirada. Los veo muy de gran urbe con querencia por provocar, mejor para alturas medianas para no parecer una cerilla o una chincheta, y mejor atusarse con patrones sencillos en tonos básicos.

Diana Domingo, alias "Towanda": " Cuando era pequeña me impresionaba mucho aquel locutor de radio que reconocía, en tono vehemente y voz aguardentosa, que “buscar la belleza es lo único que merece la pena en este asqueroso mundo. Y en ello ando. Entre ungüentos y pócimas. Entre ciencia, palabrería y parafernalia. Entre mujeres y hombres. Tratando de separar el heno de la paja, observando lo que pasa en este sublime y asqueroso mundo y sin dejar de preguntarme, con la curiosidad de quien asiste a un nuevo fenómeno cada día, qué es la belleza".

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2 comentarios

  1. angeles

    De toda la vida me han gustado y yo suelo poner por el invierno mas bien los de lana.

  2. Lolette

    No me imagino la escena final de Casablanca sin los borsalinos de Ingrid Bergman y Humphrey Bogart

Deja un comentarioDolce&Gabbana y M·A·C, polvos iluminadores