Moño hípster postizo, la guinda a tu look

Las son efímeras, pero el sentido del humor nunca pasa de moda. Esta Navidad, el regalo idóneo para el amigo con aspiraciones moderniquis –o sin ellas- será el moño hípster, el más socarrón del Siglo XXI. Sólo para ellos, aunque más de uno puede elegir un moñete postizo unisex siempre que se ajuste a su tono de cabello natural.

Pongamos que a ti, mocito de alguna ignota pedanía, se te antoja eso de ‘ser hípster’ porque te parece muy atractivo todo cuando miras los dibujos lees una revista gratuita que te trae tu prima de la capital. Desoyendo las súplicas de tus seres queridos, te haces con una camisita de tartán, una máquina de escribir y una tomatera solidaria… Pero tu hambre no se sacia. Aún no eres suficientemente auténtico. Y la razón es tu sonrojante mata de pelo ralo y corto, despoblada de un elemento crucial para integrarte en la identidad del hípster de pro. EL MOÑO.

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Deje de lamentarse… Usted también podrá lucir así.

Pues bien: no sufras más porque ahora puedes poner la guinda a tu look ahorrando, además, un dineral. El Groupon estadounidense oferta un fantástico moño hípster postizo por la módica cantidad de 10 dólares (¡rebajado de 65!, ahí es nada). Y lo publicita, además, con admirable donosura, dando pautas de peinado como “inclina la cabeza con un movimiento similar al que harías para laquear una mesa restaurada”, “si las horquillas te parecen demasiado mainstream, fija el moño con clips de papelería” o “puedes ponértelo cuando huelas un café de comercio justo o escuches un banjo”.

Con esos mimbres, pocos me parecen los 10.000 ejemplares que llevan vendidos mientras escribo estas líneas. Porque si la Navidad está para sorprender y agasajar, ¿a qué posmoderno de su tiempo no le fascinaría un regalo tan kitsch?

El moño se declina en tres tonos, oscuro, castaño y rubio –pelirrojo, el gran olvidado-y puedes encontrarlo online en tiendas especializadas.

Diana Domingo, alias "Towanda": " Cuando era pequeña me impresionaba mucho aquel locutor de radio que reconocía, en tono vehemente y voz aguardentosa, que “buscar la belleza es lo único que merece la pena en este asqueroso mundo. Y en ello ando. Entre ungüentos y pócimas. Entre ciencia, palabrería y parafernalia. Entre mujeres y hombres. Tratando de separar el heno de la paja, observando lo que pasa en este sublime y asqueroso mundo y sin dejar de preguntarme, con la curiosidad de quien asiste a un nuevo fenómeno cada día, qué es la belleza".

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