Te has quedado con el láser a medias o bien te toca la depilación por cualquier medio. Te contamos cómo resolverlo.

Son muchas las batallas que estamos lidiando estos días. La depilación es, de más está decirlo, el menor de los problemas. Ah, pero qué placer poder dedicar unos minutos a lo absolutamente superfluo. Qué gusto entregarse un pelín a lo que puede esperar, entregar, ¡doblemos la apuesta!, unos matojos púbicos de varias semanas, una melena a lo José Mercé, unas canas insolidarias, unas uñas largas como un trago sin respirar y un hígado confitado -además de confinado- en distintas sustancias, no especialmente hidroalcohólicas.

Venga, dejemos un rato de lado la entropía y tomemos partido por el autocuidado. Del confinamiento también se sale. Y saldremos de pie, más unidos que nunca y con la piel de una estatua de mármol.

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La depilación te ha pillado ‘en bragas’, para qué negarlo. Tenías que ir a tu sesión de láser o a la de cera y te fue imposible hacerlo.

De entre los diversos sistemas depilatorios que existen, es muy probable que nunca hubieras recurrido a la cuchilla en circunstancias normales. Cuenta la leyenda que el pelo sale como cuerda de barco, que hasta puede estimular el crecimiento de un poro que ya no daba más de sí. Y, desde luego, la realidad es que la depilación dura perfecta unos escasos dos días.

Dado que estamos viviendo la situación más anómala de la historia moderna, no parece descabellado asumir ciertos riesgos. Así que, ¿por qué no usar una comodísima (y rápida) cuchilla, que además se encuentra en todos los clubes sociales en el Súper?

Como aclara la Dra. Royo, de Instituto Médico Láser, “la cuchilla no hace que el pelo crezca más fuerte, ni tampoco favorece la densidad capilar Lo que ocurre es que el pelo no presenta el mismo grosor en la base que en la punta, bastante más fina. Cuando lo rasuramos, lo que percibimos es su mayor diámetro junto a la piel, pero el calibre del tallo sigue siendo el mismo”.

La cuchilla debe manejarse con la precaución que dicta el sentido común. Siempre que vayas a usarla, asegúrate de que está perfectamente limpia. Enjabona bien la zona que vayas a depilar con un gel suave y adelante. El movimiento ha de ser una caricia sobre la piel, con la cuchilla en un ángulo de unos 30 grados. Tras salir de la ducha, embadúrnate a placer con tu crema corporal favorita. Si casualmente tienes una ampolla retardante del vello, es el momento de usarla.

No se necesita mucho más para asegurar una piel libre de vello durante un par de días. La Dra. Royo recomienda este método por encima de cualquier otro para mantener la piel hasta la siguiente sesión de láser. No te preocupes: no saldrá más fuerte y te quitarás esta minucia de encima en escasos minutos. ¡A ti con estos pelos!