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Divas latinas con sello propio: la música y la moda se rinden ante el cool kitsch

Ellas Rugen Récords y la marca de Coolkitsch rinden tributo a divas latinas peleonas e inspiradoras.

Ningún ser humano dotado de oídos, ojos y cierta capacidad de relacionar unos acontecimientos con otros, negará que lo latino está de moda. Las divas (y ‘divos’) latinas copan las listas de éxitos con ritmos que combinan el folclor ancestral con la que se celebra espontáneamente en los barrios pobres, todo ello pasado por la túrmix de la producción electrónica y aderezado con una puesta en escena al servicio del espectáculo. Con mucha carne al descubierto, mucha pedrería y esas uñas largas como un trago sin respirar que representan un símbolo de estatus: el de la mujer que pasa olímpicamente de que se le estropee la manicura en las tareas domésticas porque tiene cosas más interesantes en las que pensar.

Pero hoy no vamos a repasar hitos recientes como el de Jennifer López y Shakira dando sopas con onda a Bad Bunny en la última Super Bowl o que ‘nuestra’ Rosalía haya sacado un tema al alimón con Billie Eilish, sino otras manifestaciones artísticas y comerciales que rescatan iconos del pasado y que sirven para arraigar aún más lo latino en nuestra deriva cultural. Hablamos del nuevo sello Ellas Rugen Récords, que arranca su andadura exhumando a la extraordinaria soprano peruana Yma Súmac (1922-2008) y la marca Coolkitsch, un viaje a las iconografías vintage en clave de humor.

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La divina Yma Súmac

“Queríamos empezar con Yma Súmac por la relevancia y la dimensión que alcanzó en todo el mundo”, comenta el capitán del proyecto Ellas Rugen Récords Joao Núñez del Prado. “Hay que tener en cuenta que ella alcanzó una fama y un reconocimiento mundial que ninguna otra cantante latinoamericana ha tenido. En Londres, la Reina Isabel II acudió a verla y se declaró fan de la cantante, y en Tokio su telonero fue nada menos que Frank Sinatra”.

La vida de ‘la princesa inca’, como ella misma se hacía llamar aduciendo que era descendiente directa del último inca Atahualpa, está teñida de una mitología que su manager supo aprovechar para construir no solo a la emperatriz de las divas latinas (ojalá un imposible crossover con ‘la más grande’), sino a la embajadora de un Perú exótico y misterioso, una tierra evocadora punteada por un sinfín de atractivos para los turistas.

Su voz, cristalina, pura, indómita y tan incontenida como ella misma, tenía la particularidad de alcanzar cinco octavas y media, un registro ciertamente insólito que ella decía haber aprendido de los pájaros de los Andes y que sirvió de inspiración para el solo de la de “El quinto elemento” (Luc Besson, 1997).

De su primer disco, una fusión del folclor huayno peruano con otros ritmos, se vendieron más de un millón de copias. A este éxito le acompañó la polémica de la apropiación y su correspondiente bofetón al purismo, mandanga que probablemente ya les debe estar sonando en sus casas -y recordando a otros artistas que han pasado por este mismo vía crucis-.

Su imagen reflejaba también esta fusión de estilos y su vocación rupturista. Faraónica, aprovechaba divinamente el arquitectónico rasgado de sus ojos para delinear un cat-eye absolutamente volcánico bajo sus cejas arqueadas, extra depiladas según la tendencia de la época.

Una estampa deslumbrante e icónica que nos traslada inmediatamente a otra época en la que han fijado sus ojos los creadores de la Coolkitsch, quienes reivindican la figura de mujeres desconocidas, pero apabullantes, y les otorgan una ‘segunda vida’ en forma de accesorios prêt-à-porter.

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Coolkitsch bucea en el imaginario de las iconografías del mundo, desde Bollywood hasta México sin olvidar el glamour de España, y lo plasma en objetos decorativos para la casa, estampados para camisas y kimonos, bolsos y cartelería original. El resultado es un viaje espacio-temporal que convierte lo mundano en único, y a las divas latinas en un símbolo de poderío, fuerza y estética.

Diana Domingo, alias "Towanda": " Cuando era pequeña me impresionaba mucho aquel locutor de radio que reconocía, en tono vehemente y voz aguardentosa, que “buscar la belleza es lo único que merece la pena en este asqueroso mundo. Y en ello ando. Entre ungüentos y pócimas. Entre ciencia, palabrería y parafernalia. Entre mujeres y hombres. Tratando de separar el heno de la paja, observando lo que pasa en este sublime y asqueroso mundo y sin dejar de preguntarme, con la curiosidad de quien asiste a un nuevo fenómeno cada día, qué es la belleza".

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