Hailey Bieber convierte en brilli-brilli todo lo que tocan sus manos. Fue plantificarse las uñas de efecto glaseado estilo donut en la última MET gala y llenarse los corazones de arrebato y Google de búsquedas.

Este otoño, las uñas de efecto donut glaseado se mantienen como tendencia en cabeza.

Algo tendrá el glass cuando lo bendicen. La propia Hailey Bieber, que de tonta no debe tener un pelo, eligió este acabado como una prolongación del espíritu glow que inunda la marca de cosmética que lleva su nombre. Resultado: más de 5 millones de visitas en TikTok y un aumento considerable en las ventas de sus polvos iridiscentes para esmaltados profesionales.

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Propuesta de Vanitas Espai

Se podrían haber llamado uñas unicornio, uñas celofán, uñas alas de mariposilla… Incluso uñas pastel, siendo más parcas en fantasías. Pero no: han sido #glazeddonutnails, como las encontrarás en tus telarañas sociales favoritas, el nombre elegido para describir este delicadísimo esmaltado ultra-brillante y de encanto irresistible que ya ha sido imitado por celebrities como Kylie Jenner, Vanessa Hudgens o Sydney Sweeney.

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Otro estilo del Salón Vanitas Espai

La cosa empezó discreta y muy girlie, en tonos transparente, blanco y rosa empolvado, pero “en nuestro salón las piden en tonos marrón chocolate, taupé, burdeos… Son las uñas del otoño”, cuenta Verónica Castro, directora del salón barcelonés Vanitas Espai.

Para conseguir un efecto iridiscente uniforme y pulcro (que no parezca un estornudo de unicornio, sino un precioso donut recién horneado en la neoyorquina Magnolia Bakery), es clave bordar la superposición de capas: base, esmalte, polvos y top coat.

Si no tienes el polvo ad hoc, puedes usar como alternativa una paleta de sombras con bien de brillo aplicadas con una brocha.

¿Lo mejor de esta tendencia? Lo versátil que resulta: combina con todo lo que te pongas. Admite toda clase de largos y limados de uña (largas, cortas, almendradas o cuadradas) e incluso puede servir como remate a una francesa.

El terreno de las manicuras demuestra, una vez más, que nada se le empacha. Ni siquiera el almibarado y cristalino acabado de un donut glaseado.