Hay perfiles que encajan en una categoría… Y luego están los que obligan a inventar una nueva. La valenciana Laura Gámez, formada en Medicina y Psicología y experta en Medicina Bioenergética, pertenece claramente al segundo grupo.

El nombre de Laura Gámez se consolida en el radar del bienestar contemporáneo al alzarse con los Premios Somos Fanes, uno de los reconocimientos más peculiares del circuito.

No es un premio cualquiera ni una gala al uso. Es más bien un ecosistema donde conviven ciencia, intuición, impacto social y cierta pulsión por redefinir lo que entendemos por salud. En ese terreno híbrido, Gámez juega con ventaja.

La escena tiene un punto simbólico. La valenciana ha recibido el galardón de manos de María Fernández, en una ceremonia donde el bienestar ya no es solo un concepto aspiracional, sino una industria, un lenguaje y casi una ideología. En cualquiera de sus cada vez más variadas acepciones, el bienestar es el negocio del siglo XXI.

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Laura Gámez, en imagen de archivo

Gámez no llega desde el margen, pero tampoco desde el centro ortodoxo. Su trayectoria se mueve en una especie de frontera porosa entre la medicina convencional y una lectura energética del cuerpo, el terreno que ella misma impulsa. Biofísica cuántica, medicina frecuencial, salud integrativa… Términos que, en manos poco rigurosas, suenan a humo. En su caso, la narrativa intenta ser puente en lugar de ruptura.

Mientras gran parte del discurso wellness oscila entre el biohacking tecnófilo y el incienso difuso, Gámez intenta traducir lo complejo sin diluirlo. Su trabajo divulgativo busca hacer comprensible lo que no-del-todo-validado sin caer en el simplismo ni en la grandilocuencia.

El premio que recibe tampoco es casual en su trayectoria profesional. Los Somos Fanes han diseñado un proceso que, suponemos, es un protocolo que ha llegado para quedarse. Primero, filtra la inteligencia artificial. Después, analizan 20 ojeadores humanos. Finalmente, decide un jurado con nombres tan dispares como Rocío Ramos Paul, Alejandro Blanco o Theresa Zabel. Y, como remate, el veredicto popular. Democracia, algoritmo y criterio experto en el mismo cóctel.

Además de un premio, el resultado es una señal de hacia dónde se está desplazando la conversación. Lo que se reconoce en Gámez no es únicamente su perfil investigador. Es su capacidad de abrir una grieta en el discurso dominante de la salud. De sugerir que quizá el cuerpo no es solo bioquímica ni solo energía, sino un territorio donde ambas narrativas se superponen sin terminar de entenderse.