En verano hay dos tipos de personas: las que aceptan resignadas que el maquillaje desaparezca antes del aperitivo y las que llegan a casa ocho horas después con la base prácticamente intacta. La diferencia no está en comprar un fondo de maquillaje ‘milagroso’, sino en cómo se construye cada capa. Sí, se puede lograr que tu maquillaje resista los embates del calor, y aquí van unos cuantos trucos para ello.

Los maquilladores profesionales coinciden en que la resistencia del maquillaje depende más de la técnica que de la cantidad de producto. De hecho, cuando suben las temperaturas, la estrategia pasa precisamente por hacer menos… pero con metodología.

trucos-maquillaje-calor-2

El primer paso empieza incluso antes del maquillaje. Una piel bien hidratada, pero sin exceso de producto, ofrece una superficie mucho más estable. Conviene dejar que la crema hidratante y el protector solar se asienten unos minutos antes de empezar a maquillarse. Aplicar la base inmediatamente sobre un SPF aún húmedo favorece que todo se desplace con el sudor.

Después llega uno de los productos que más recomiendan los expertos cuando hace calor: el primer. No es un paso imprescindible durante todo el año, pero sí uno de los que más diferencia marca en verano. Actúa como una capa de unión entre la piel y el maquillaje, ayuda a controlar el exceso de grasa y reduce el movimiento de la base durante el día.

Otro cambio importante consiste en revisar la textura de los productos. Las bases muy densas o excesivamente nutritivas suelen soportar peor la humedad que las fórmulas ligeras de larga duración. Si se necesita más cobertura, los maquilladores recomiendan construirla poco a poco con capas finas en lugar de aplicar una sola muy gruesa. Paradójicamente, cuanto más maquillaje acumulamos, antes acaba moviéndose.

También conviene pensar en el orden de las texturas. Los productos líquidos o en crema deben sellarse con una pequeña cantidad de polvo, especialmente en la zona T o allí donde la piel tienda a producir más grasa. No se trata de matificar por completo el rostro, sino de fijar únicamente los puntos críticos para mantener un aspecto natural.

Uno de los trucos que más utilizan los maquilladores en editoriales y alfombras rojas consiste en incorporar el spray fijador no solo al final, sino también entre algunas capas del maquillaje. Esta técnica ayuda a fusionar mejor los productos y crea una película flexible que mejora la resistencia frente al calor y la humedad.

Los ojos merecen un capítulo aparte. Si existe una zona donde el calor suele hacer estragos es precisamente ahí. Utilizar máscara de pestañas resistente al agua, un producto específico para fijar las sombras o delineadores de larga duración reduce considerablemente las posibilidades de acabar con el maquillaje desplazado antes de terminar el día.

¿Y qué ocurre con los retoques? La intuición suele llevarnos a añadir más polvos una y otra vez, pero los profesionales recomiendan hacer justo lo contrario. Antes de reaplicar maquillaje, es preferible retirar el exceso de grasa con papel absorbente o un pañuelo de celulosa. Solo después tiene sentido añadir una pequeña cantidad de polvo o volver a pulverizar un fijador. Así se evita el efecto de maquillaje apelmazado que aparece al final de muchas jornadas de verano.

En definitiva, cuando el termómetro sube, el objetivo deja de ser cubrir más y pasa a construir un maquillaje inteligente. Piel preparada, capas ligeras, productos bien sellados y retoques estratégicos. El resultado no es un rostro completamente inmóvil, porque la piel sigue siendo piel, pero sí un maquillaje capaz de sobrevivir a una jornada de calor sin desintegrarse como el rostro de El Grito de Munch antes de la comida.