Las arrugas de marioneta o el triángulo de la tristeza reflejan el paso de los años, el daño solar y la pérdida de firmeza porque son arrugas estéticas. Pero la pregunta ahora es si esos gestos de cansancio o dolor, pueden retroalimentar nuestra salud mental o todo lo contrario.
De momento, no sabemos a ciencia cierta si los pinchazos de las arrugas con neuromoduladores revitalizan el rostro y la salud mental o solo es una hipótesis científica con algunos estudios alentadores. Sin duda, verse buena cara es un chute de alegría y belleza para nuestro estado de ánimo. Pero consultamos la opinión de la Dra. Mar Mira, especialista en medicina estética y responsables de rejuvenecer muchos rostros VIP.
“Cuando hablamos de neuromodulación facial, trabajamos sobre músculos concretos responsables de determinadas líneas de expresión. En zonas como el entrecejo, por ejemplo, muchas personas mantienen una contracción constante que puede transmitir tensión, enfado o preocupación incluso cuando no se sienten así“, señala la Dra. Mar Mira.
Más allá de que nuestra cara sea el espejo del alma, también refleja las emociones y el paso del tiempo. ¿Qué pasa si nuestra cara cambia y en lugar de vernos tristes y cansados nos vemos más jóvenes? ¿Ese reflejo mejorado de nuestra cara sin arrugas influye en nuestra psique y el estado de ánimo a un nivel profundo? Pues, la ciencia lo está estudiando porque hay mucho negocio detrás del envejecimiento y la longevidad. Desde los laboratorios Allergan, lo únicos en poder utilizar el nombre comercial Botox para la toxina botulínica, hasta todos los demás laboratorios. Ahora las toxinas botulínicas son neuromoduladores. Qué no neuromodeladores, aunque también podría ser.
¿Puede la neuromodulación estética anti-arrugas influir en cómo nos sentimos después? Lo que la ciencia empieza a explorar va más allá de la estética
La Dra. Mar Mira analiza la relación entre expresión facial, emociones y neuromoduladores ante el creciente interés científico por su posible impacto en el estado de ánimo.
Durante años, los neuromoduladores han sido conocidos por su capacidad para suavizar las arrugas de expresión. Sin embargo, en los últimos tiempos, diversas investigaciones han despertado el interés de la comunidad científica al plantear la siguiente pregunta: ¿modificar una expresión facial puede influir también en cómo nos sentimos?
Aunque la respuesta no es definitiva todavía, hay varios estudios que investigan la hipótesis de la retroalimentación facial (facial feedback hypothesis). Según esta teoría las expresiones faciales no solo reflejan emociones, sino que también podrían influir en ellas. Algunos investigadores analizan si existe una relación entre la relajación de determinados músculos faciales y las expresiones de tensión, enfado o preocupación que pueda asociarse con la mejora de síntomas depresivos.
Para la Dra. Mar Mira, referente en medicina estética sin huella, se trata de una línea de investigación interesante, aunque todavía debe abordarse con prudencia. “Es importante diferenciar entre una observación científica prometedora y una indicación médica consolidada. Los neuromoduladores son un tratamiento ampliamente estudiado y validado para distintas aplicaciones médicas y estéticas, pero no podemos afirmar que sean un tratamiento para la depresión”, explica.
El rostro como parte del lenguaje emocional
La relación entre rostro y emociones lleva décadas siendo objeto de estudio. Sabemos que determinadas expresiones faciales están asociadas a estados emocionales concretos y que la comunicación no verbal forma parte de cómo nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos.
“Cuando hablamos de neuromodulación facial, trabajamos sobre músculos concretos responsables de determinadas líneas de expresión. En zonas como el entrecejo, por ejemplo, muchas personas mantienen una contracción constante que puede transmitir tensión, enfado o preocupación incluso cuando no se sienten así“, señala la Dra. Mira.
Según explica, una relajación selectiva de estos músculos puede modificar la percepción que proyecta el rostro, ofreciendo una apariencia más descansada, abierta o serena. “Muchos pacientes nos dicen que se sienten mejor porque se ven menos cansados o porque dejan de recibir comentarios sobre aspecto de enfado o preocupación. Eso existe y forma parte de la experiencia clínica diaria. Otra cuestión diferente es atribuir a ese efecto una acción terapéutica directa sobre la depresión.”
No todas las arrugas son bellas
La medicina estética actual se aleja cada vez más de la idea de borrar líneas o perseguir cánones artificiales. El foco está puesto en la calidad de la piel, la armonía facial y el acompañamiento del envejecimiento.
En este contexto, la neuromodulación se entiende como una herramienta que permite suavizar determinadas expresiones sin eliminar la identidad ni la capacidad de gesticular. “Nuestro objetivo nunca es congelar un rostro. Buscamos relajar aquello que aporta cansancio o tensión, preservando la expresión y la personalidad de cada paciente. La mejor medicina estética es aquella que permite seguir siendo uno mismo“, afirma Mar Mira.
¿Qué dicen por ahora las evidencias científicas?
La investigación sobre neuromoduladores y estado de ánimo continúa avanzando, pero todavía se necesitan estudios más amplios y protocolos homogéneos para establecer conclusiones definitivas. Los expertos coinciden en que la depresión es una enfermedad compleja, multifactorial y que requiere un abordaje médico especializado.
“Si algo nos enseñan estas investigaciones es que el rostro y las emociones están mucho más conectados de lo que pensábamos. Pero también que debemos ser rigurosos. La salud mental merece ser abordada desde la evidencia científica y por profesionales especializados“, concluye la experta en medicina estética sin huella.
Mientras la ciencia continúa explorando esta conexión, los neuromoduladores siguen consolidándose como una herramienta para acompañar el envejecimiento facial desde la naturalidad, la prevención y el respeto por la identidad de cada rostro.
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Foto de la Dra. Mar Mira: Pablo Paniagua

