La muerte de Kendal Ascher, vicepresidente sénior de Estée Lauder Companies, ha reabierto un debate incómodo pero necesario sobre la seguridad de los tratamientos estéticos inyectables. Si bien Ascher falleció el 25 de febrero en su apartamento de Nueva York, no fue hasta mediados de junio cuando el médico forense hizo pública la causa de la muerte: un ‘fallo respiratorio agudo debido a una embolia pulmonar de material extraño tras inyecciones cosméticas de relleno’. El fallecimiento fue considerado accidental.
Desde entonces, el caso ha generado un intenso debate entre dermatólogos y médicos estéticos, que han aprovechado la repercusión mediática de la muerte de Kendal Ascher para recordar que, aunque los rellenos presentan un elevado perfil de seguridad cuando se realizan correctamente, siguen siendo procedimientos médicos y no tratamientos cosméticos sin riesgo.
Ahora bien, conviene separar los hechos de las especulaciones. El informe forense no identifica qué sustancia se le inyectó, quién realizó el procedimiento, en qué clínica tuvo lugar ni qué zona del cuerpo fue tratada. Tampoco se ha confirmado que se tratara de un relleno facial. Por eso, numerosos especialistas han pedido prudencia ante los titulares que apuntan directamente al ácido hialurónico o a los rellenos faciales, ya que, sencillamente, esa información no se conoce.

Kendal Ascher en imagen de archivo, a la derecha
El caso también ha servido para aclarar la confusión (más frecuente de lo que parece) de si el ‘bótox’ rellena. La toxina botulínica actúa relajando temporalmente la musculatura para suavizar las arrugas de expresión, mientras que los rellenos se utilizan para recuperar volumen, redefinir contornos o estimular la producción de colágeno. Dentro de estos últimos existen diferentes productos. El más utilizado es el ácido hialurónico, que además se puede revertir mediante hialuronidasa en caso de complicación. También se emplean estimuladores de colágeno, como la hidroxiapatita cálcica o el ácido poliláctico, así como otros materiales de carácter permanente o semipermanente, que presentan un perfil distinto.
¿Son seguros los inyectables?
Las complicaciones graves son poco frecuentes, pero existen. Una de las más conocidas es la oclusión vascular, que se produce cuando el producto entra accidentalmente en un vaso sanguíneo o impide el flujo de sangre. La embolia pulmonar descrita en el caso de Ascher es un evento extremadamente infrecuente y, dado que se desconocen muchos detalles del procedimiento, no se puede extrapolar al uso habitual de los rellenos.
La principal enseñanza que deja este caso es que la medicina estética debe seguir tratándose como medicina. Elegir un profesional sanitario cualificado, conocer exactamente qué producto se va a utilizar, asegurarse de que existe un protocolo para actuar ante una complicación y huir de ofertas demasiado agresivas siguen siendo las mejores garantías. Los expertos también recomiendan acudir inmediatamente al médico si, tras una infiltración, aparecen síntomas como dolor intenso, cambios llamativos en el color de la piel, alteraciones visuales o dificultad para respirar.
La muerte de Kendal Ascher no demuestra que los rellenos sean inseguros. Lo que recuerda es que, cuando un tratamiento implica una aguja, anatomía y sustancias inyectables, la experiencia del profesional importa tanto como el producto que lleva la jeringa.
