Estar en el ‘aquí y ahora’ debe molar bastante.

No es una práctica nueva, pero en los últimos tiempos ha calado en todas las capas de la sociedad. Mindfulness es ese ejercicio mental que ayuda a dejar fluir los pensamientos y mantener a raya la obsesión, a ‘gestionar’ el estrés y a enfocar las situaciones con una relajante objetividad desprejuiciada. Dando un pasito más allá, potencia la concentración y la productividad al ayudar a nuestras pobres mentes a concentrarse en lo que se está haciendo en ese preciso instante. Lo llaman ‘estar en el aquí y ahora’, es más aspiracional que tener un chalet en Torremolinos, y son muchísimas las personas influyentes y con poderío (escritores, creativos en general, directivos de grandes empresas, chicos listos de Palo Alto*…) que admiten practicar este tipo de meditación en pro de sus asuntos. Y parece que les funciona.

*Aunque no haya puesto arrobas o x, todas estas ocupaciones comprenden a seres humanos de ambos géneros.

Reconozcámoslo: vivir a tope el momento presente es más difícil de lo que parece. Una suele estar repasando tareas venideras en lugar de disfrutar intensamente de, yo qué sé, comerse una mandarina o hacer un crucigrama. Y, sin embargo, las más minúsculas actividades sin importancia merecen su atención y esconden cierto potencial para una mente despierta. Y, aunque no sea así, entrenar la concentración en lugar de dispersarse ‘abriendo ventanas’ mentales es de una utilidad innegable.

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Hasta un 46,9% de nuestro tiempo lo dedicamos a pensar en cualquier otra cosa distinta a lo que estamos haciendo. Teniendo en cuenta que pasamos unas 7-8 horas dormidos, un tercio del día, la realidad es que somos volátiles y móviles como la pluma al viento.

Puede ser que la meditación dé la imagen de práctica abstracta y complicada, protagonizada por gurúes e iluminados en la soledad de una torre de marfil mientras picotean un poco de caca de colibrí del Himalaya envueltos en túnicas de lino orgánico. Nada más lejos de la realidad de estos dosmiles nuestros en los que la tecnología nos proporciona toda clase de muletas, y hasta yo, que soy hija de vecina, podría ser la próxima master de la meditación.

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Recién llegada de Francia, donde es la app nº1 en estas lides de la autoexploración mental, Petit BamBou acaba de alojarse en algún recoveco de nuestros dispositivos móviles con sus sencillas y comprensibles sesiones de escasos minutos (unos 12) de meditación mindfulness.

El desarrollo de la práctica es progresivo, favoreciendo así la autonomía del usuario, y con una amplia variedad de temáticas (estrés, ansiedad, paz interior, compasión, mindful eating…). En la elaboración de los programas han colaborado psicólogos y psiquiatras. Es apta para niños y para principiantes y expertos en mindfulness.

Yo la he estado trasteando estos días. Y sin ir dando saltitos a la app de Ikea, la de Asos y esa de poner fotos en bikini con una frase presuntamente existencial debajo, palabra. ¿Mi primera impresión? Relaja mucho dedicar 10 minutos al ‘aquí y ahora’ antes de dormir. Si me lo tomo en serio y soy constante, podría ser una buena solución para darle caña a la meditación, que es algo que me interesaba practicar desde hacía tiempo y no sabía muy bien cómo ni dónde.

La primera toma de contacto es gratis total, el acceso a los programas funciona por suscripción. Está disponible para  iOs y Android.