En un mercado saturado de lanzamientos que se apropian con ligereza del lenguaje ‘natural’, la llegada a España de Skin&Co invita a bajar el ritmo y mirar con algo más de atención.
Nacida en Umbría hace más de una década, Skin&Co no se presenta como una revolución, sino como una continuidad bien construida entre tradición botánica, formulación contemporánea y una idea clara de trazabilidad. Un enfoque que cada vez resulta más relevante.
La marca parte de un territorio concreto y reconocible. Umbría no es solo un decorado bucólico, sino el núcleo operativo y simbólico de la marca. En Montecastrilli, su bottega, se cultivan y recolectan muchos de los ingredientes que dan forma a sus fórmulas: cítricos mediterráneos, uva, aceite de oliva, arcillas y, especialmente, la trufa negra, activo icónico de su línea Truffle Therapy. Esta conexión directa con el origen alimenta un modelo que la propia marca define como ‘farm-to-face’, una idea que va más allá del relato y se traduce en control sobre materias primas, procesos de extracción y coherencia en la formulación.

Honestidad ante todo
El proyecto fue fundado por Gabriel Balestra, quien creció rodeado de remedios naturales y saberes populares transmitidos por su familia. Esa herencia se percibe en la forma en la que Skin&Co articula su discurso. Menos obsesión por la novedad inmediata y más atención al tiempo, al cuidado y a la mejora progresiva de las fórmulas. Hoy, la marca cuenta con más de 50 referencias, presencia en 45 países y una trayectoria sólida tanto en retail selectivo como en spas y hoteles internacionales.
En términos de formulación, Skin&Co se mueve en un terreno equilibrado. Sus productos son veganos, con un alto porcentaje de ingredientes de origen natural y certificados, y evitan más de 2.300 sustancias habituales en la cosmética convencional. Pero el discurso ‘clean’ no se presenta como una bandera excluyente, sino como un marco de trabajo compatible con la eficacia. Aquí la biotecnología juega un papel clave, puesto que permite preservar la calidad de los activos botánicos y optimizar su rendimiento sin sacrificar sensorialidad.

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Su llegada a España se produce en un contexto en el que el consumidor ya no se conforma con etiquetas genéricas. La cosmética natural ha madurado y, con ella, el nivel de exigencia. En este escenario, Skin&Co dialoga de forma natural con marcas que ya han educado al mercado en esa dirección. Comparte afinidades con Tata Harper, pionera en vincular lujo y cultivo propio; Susanne Kaufmann, que también construye su identidad desde el paisaje y la ciencia; o Comfort Zone, muy implantada en el canal profesional y con una narrativa sólida de sostenibilidad y bienestar. Frente a ellas, Skin&Co aporta una lectura italiana más sensorial y agrícola, menos clínica, pero igualmente rigurosa.
No es casual que la marca haya crecido de forma constante, apoyada en el e-commerce y en una presencia cuidada en espacios donde el cuidado de la piel se entiende como experiencia y no como consumo rápido. Tampoco que haya despertado el interés de perfiles mediáticos internacionales, algo que habla más de consistencia que de tendencia puntual.
Su propuesta no promete milagros ni resultados instantáneos, pero sí una relación más honesta con la piel, basada en ingredientes reconocibles, ciencia aplicada y una narrativa coherente con lo que hay dentro del envase. En tiempos de saturación, esa calma bien formulada puede ser, paradójicamente, uno de sus mayores activos.
