Durante siglos, la monarquía ha sido presentada como un relato de dinastías, alianzas y grandes decisiones políticas. Pero bajo las sedas, los retratos oficiales y las genealogías, se escondían vidas marcadas por matrimonios impuestos, humillaciones públicas y un férreo control moral. En Reinas infieles (Editorial Planeta), la periodista y escritora Carmen Gallardo recupera la trayectoria de doce soberanas que se rebelaron contra ese papel asignado y pagaron un alto precio por ello.
Desde el siglo XII hasta el XX, estas mujeres compartieron una misma circunstancia: su vida privada se convirtió en un asunto de Estado. “Las reinas eran la cara amable del poder, pero también su eslabón más vulnerable”, explica Gallardo.
Eran utilizadas como moneda de cambio diplomático, obligadas a casarse con hombres que no habían elegido —algunos crueles, otros enfermos mentales o con orientaciones sexuales incompatibles con el matrimonio— y juzgadas con dureza cuando intentaban construir un espacio propio.

El libro recorre figuras tan dispares como Urraca de León, Isabel de Francia (la Loba), Catalina de Médicis, Catalina la Grande, Isabel II de España o Carolina de Brunswick-Wolfenbüttel. Mujeres que gobernaron, influyeron en la política europea y defendieron territorios, pero cuya memoria quedó marcada por un rasgo concreto: su vida sentimental.
Víctimas de una leyenda negra
Gallardo no plantea estas biografías como relatos de escándalo, sino como una lectura crítica del papel que la historia ha otorgado al papel de las mujeres; una denuncia del doble rasero con el que se las ha juzgado. Mientras los reyes podían exhibir amantes sin que su autoridad se resintiera —incluso convirtiendo a sus favoritas en figuras reconocidas en la corte—, las reinas que desafiaban la fidelidad conyugal eran convertidas en símbolo de decadencia.
Catalina la Grande es uno de los ejemplos más claros. Reformista, estratega y artífice de la expansión del imperio ruso, su legado político queda a menudo eclipsado por la insistencia en sus ’numerosos amantes’. “Es una de las grandes estadistas europeas y, sin embargo, lo que ha trascendido es su vida íntima”, señala la autora. Un patrón que se repite con Isabel de Francia, retratada durante siglos como instigadora del asesinato de su marido, o con Juana de Avis, la Beltraneja, borrada de la historia oficial hasta el punto de no tener tumba reconocida.
El libro muestra cómo la moral (misógina) fue utilizada como un arma política: desacreditar a una reina pasaba por atacar su conducta privada. No importaban tanto sus decisiones de gobierno como su reputación. La figura de la “mala mujer” servía para debilitar su autoridad.

Fotógrafo: Javier Ocaña
Entre la política y la familia
La autora subraya una dificultad clave: en la monarquía no existe separación entre lo público y lo privado. La familia es la institución. Por eso, cualquier ruptura del modelo conyugal se interpretaba como una amenaza al orden político. “La institución necesita parecer estable para sobrevivir”, apunta la autora, una idea que sigue vigente en el siglo XXI.
De hecho, el libro dialoga de forma natural con la actualidad. Hoy, cuando las monarquías europeas caminan hacia un futuro con más reinas que reyes, la pregunta persiste: ¿se juzga del mismo modo a hombres y mujeres? La historia reciente sugiere que no. Los amoríos de los reyes rara vez han puesto en cuestión su legitimidad. En cambio, la vida privada de las mujeres sigue siendo un territorio de escrutinio público.
Recuperar voces olvidadas
El trabajo de documentación ha sido una parte esencial del proyecto. Gallardo ha consultado tesis académicas, periódicos de época y fuentes escritas casi siempre por hombres. “De los reyes tenemos relatos de batallas. De ellas, rumores”, explica. La dificultad no es solo reconstruir los hechos, sino leer entre líneas textos atravesados por prejuicios.
Ese esfuerzo se traduce en un retrato más humano y menos moralizante de estas soberanas: mujeres cultas, curiosas, políticas, algunas profundamente infelices y otras decididas a vivir según sus propias reglas. Isabel de Borbón-Parma, por ejemplo, fue una intelectual que rechazó el papel de simple madre de herederos y volcó su rebeldía en la escritura y en una relación amorosa prohibida.

Fotógrafo: Javier Ocaña
Un libro necesario (y muy actual)
Reinas infieles se inscribe en una corriente de revisión histórica que busca rescatar a las mujeres olvidadas o malinterpretadas por los relatos oficiales. Como ha ocurrido con científicas, artistas o escritoras, estas reinas regresan ahora sin el filtro del escándalo y con la complejidad que se les negó durante siglos.
Este libro dialoga directamente con el feminismo contemporáneo porque demuestra que el control del cuerpo femenino ha sido siempre una estrategia política. No se trataba solo de fidelidad: se trataba de obediencia, de sumisión. Más que juzgar su conducta, el libro ‘Reinas infieles’ invita a reflexionar sobre cómo se ha construido la autoridad femenina y qué se esperaba de una mujer con poder. No fueron santas ni villanas: fueron soberanas en un sistema que no toleraba que una reina actuara como lo hacía un rey.
Pero Reinas infieles no habla solo del pasado. Habla de nosotras. De cómo aún hoy a las mujeres se nos exige virtud mientras a los hombres se les celebra el exceso. De cómo el poder sigue teniendo género. Y de por qué contar estas historias sigue siendo un acto profundamente político.
Reinas infieles, Carmen Gallardo
Editorial Planeta. 2026.
464 páginas.
Precio: eBook 10,99 euros y 20,90 euros papel.
