Hay fichajes que parecen obvios en retrospectiva, pero que en realidad dicen mucho del momento cultural. El de Jacob Elordi como nuevo embajador de Bleu de Chanel es uno de ellos. No porque Chanel necesite actualizar su icono (Bleu lleva años funcionando como un reloj suizo), sino porque el tipo de hombre que lo encarna ya no puede ser el mismo.

Elordi entra en escena después de hacernos gozar en Cumbres Borrascosas con esa mezcla de magnetismo y elegancia casi distraída que Chanel lleva tiempo buscando.

Un perfil que no es exactamente clásico, pero tampoco juega a romperlo todo. Más bien lo desplaza unos centímetros, que es donde ocurren las cosas interesantes. Tras Timothée Chalamet, tocaba recurrir a otro símbolo de la masculinidad del segundo milenio. Y quién mejor que el chico de moda.

Según el comunicado, la elección no es casual: ‘Elordi transmite libertad, misterio, magnetismo… y una masculinidad que combina modernidad con cierta elegancia clásica’, en palabras de Thomas du Pré de Saint Maur.

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Del chico problemático al icono sofisticado

El recorrido de Elordi ayuda a entender la jugada. Saltó a la cultura pop con Euphoria, donde interpreta a Nate Jacobs, un personaje tan inquietante como magnético. Desde ahí, su carrera ha seguido una trayectoria curiosa, con menos ruido adolescente, más cine de autor y papeles con cierta densidad.

Priscilla, Saltburn, su paso por el universo Coppola o su incursión en proyectos más ambiciosos como Frankenstein de Guillermo del Toro (que incluso le valió nominaciones importantes) y Cumbres Borrascosas han ido construyendo un perfil que encaja bastante bien con el imaginario Chanel. Belleza evidente, sí, pero con alguna que otra grieta.

Parece que la Maison ha entendido que la perfección ya no vende sola. Necesita un poco de conflicto.

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Bleu de Chanel y el cine como lenguaje

Bleu de Chanel siempre ha tenido una relación estrecha con el cine. No es solo estética, es puesta en escena. Campañas dirigidas por nombres relevantes, actores con peso simbólico y una narrativa que se aleja del típico ‘hombre seguro de sí mismo’ para entrar en terrenos más ambiguos.

Elordi lo verbaliza con bastante claridad. Formar parte de esta historia implica entrar en una genealogía de actores y directores que han definido el tono de la fragancia.

La nueva campaña, prevista para mayo de 2026, promete seguir esa línea. Y aquí aparece la incógnita de cómo traducir hoy el concepto de libertad masculina sin caer en clichés reciclados. Porque ese es el verdadero reto de Bleu en 2026, no tanto vender perfume como seguir siendo relevante.

Masculinidad en transición (otra vez)

Lo más interesante del movimiento no es Elordi en sí, sino lo que representa. Chanel no está apostando por un arquetipo aspiracional clásico ni por una ruptura radical. Está eligiendo una zona intermedia, un hombre que no necesita explicarse demasiado, pero tampoco se esconde detrás de un molde rígido. En otras palabras, una masculinidad en transición permanente. Algo que encaja bastante bien con el momento actual, donde todo parece estar en revisión constante, incluidos los códigos estéticos y emocionales.

Bleu de Chanel no cambia de esencia. Cambia de interlocutor.