El protector solar ha pasado ‘siglos’ en la misma categoría mental que las sombrillas, chanclas y otros artículos reservados para las vacaciones. Hoy sabemos que hay que usarlo todo el año. El SPF se ha convertido en uno de los pilares de cualquier rutina de cuidado de la piel, haga sol, llueva o estemos sentados frente al ordenador. Sin embargo, cuanto más se habla de los vericuetos del protector solar, más mitos parecen surgir a su alrededor.

¿Protege más si deja la cara blanca? ¿Los filtros químicos son peligrosos? ¿El SPF 50 dura todo el día? La respuesta corta es no. Si quieres la larga, sube que te llevo.

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  1. Si deja la cara blanca, protege más

Ese acabado blanquecino que dejan algunos protectores solares (y que tan tranquilas nos deja a las madres) puede transmitir sensación de máxima protección, pero no es ningún indicador de eficacia.

“Un protector puede ser muy visible y no estar bien aplicado, o puede tener una textura invisible y ofrecer una protección muy completa. La clave está en que indique protección de amplio espectro, que tenga un SPF adecuado y que se use correctamente”, explica Irene Serrano, directora dermocosmética de Dermalogica.

Además, ese efecto blanquecino suele deberse a determinados filtros minerales que permanecen sobre la superficie de la piel, no a que el producto proteja más.

  1. Los filtros químicos son peores que los minerales

Pocas cuestiones generan tanta confusión como esta. Venimos predicando que los filtros minerales son los buenos y los químicos los malos. La realidad no es tan dramática.

“Hay un falso mito que dice que los filtros químicos en un protector solar son siempre peores. Y no necesariamente. De hecho, muchas fórmulas modernas combinan filtros químicos y minerales para conseguir protección alta, mejor estabilidad y texturas mucho más agradables”, apunta Raquel González, cosmetóloga y creadora de Byoode.

Según Mireia Fernández, directora dermocosmética de Perricone MD, la combinación de diferentes filtros permite mejorar la cobertura, la sensorialidad y la resistencia del producto. La clave no está en demonizar un tipo de filtro, sino en la calidad de la formulación.

  1. Con SPF 50 ya no hace falta reaplicar

Uno de los errores más extendidos consiste en aplicar el protector por la mañana y olvidarse de él hasta la noche.

“El SPF 50 no significa protección infinita. Significa una protección alta, siempre que se aplique en cantidad suficiente y se reaplique cuando toca”, recuerda Raquel González.

Sudor, roce, contaminación, maquillaje, tocarse la cara o simplemente el paso de las horas reducen progresivamente la protección. En situaciones de exposición directa al sol, la recomendación sigue siendo reaplicar cada dos horas.

  1. Si está nublado, no necesito protector solar: cuidadito con este mito

El hecho de que no veamos el sol no significa que la radiación UV haya desaparecido.

Las nubes filtran parte de la luz visible, pero una gran cantidad de radiación ultravioleta sigue atravesándolas y llegando a la piel. Precisamente por eso los días grises pueden ser especialmente traicioneros.

“Uno de los errores más frecuentes es asociar daño solar únicamente con calor o con quemadura”, explica Irene Serrano. “La piel puede recibir radiación UV y luz azul, aunque no sientas que te estás quemando”.

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  1. Las pieles grasas no necesitan protector porque da brillos

Hace quince años quizá había algo de verdad en esta afirmación. Hoy no.

La cosmética solar ha evolucionado enormemente y existen fórmulas oil free, matificantes, ultraligeras y prácticamente imperceptibles sobre la piel.

“Una piel grasa también necesita protección solar. De hecho, si hay tendencia a marcas, granitos o manchas postinflamatorias, protegerse bien del sol es fundamental”, señala Raquel González.

  1. Si ya estoy morena, no hace falta protegerse

El bronceado suele interpretarse como una especie de escudo natural. En realidad, es justo lo contrario, una señal de que la piel se está defendiendo de una agresión.

“El bronceado es una respuesta de defensa de la piel frente a la radiación, no una armadura”, explica Estefanía Nieto, directora dermocosmética de Medik8.

Aunque la piel bronceada pueda tardar más en quemarse, sigue acumulando daño celular, fotoenvejecimiento, manchas y pérdida de firmeza.

  1. Los suplementos solares sustituyen al protector

Los llamados nutricosméticos solares viven uno de sus mejores momentos. Cápsulas con antioxidantes, carotenoides o extractos vegetales prometen ayudar a la piel a defenderse del daño solar. Y se notan, palabra de plumilla. Ahora bien, no sustituyen al SPF.

Estos suplementos ayudan a combatir parte del estrés oxidativo generado por la radiación ultravioleta, pero no crean una barrera física ni filtran los rayos UV. Son un apoyo interesante dentro de una estrategia global de fotoprotección, nunca una alternativa al protector tópico.

  1. Solo hay que proteger la cara

La obsesión por el rostro ha convertido al cuello, el escote, las manos y las orejas en los grandes olvidados de la fotoprotección.

“Cuello, escote, manos, orejas y contorno de ojos suelen quedar olvidados y son precisamente áreas donde se notan mucho las manchas, la pérdida de elasticidad y el envejecimiento solar”, advierte Estefanía Nieto.

La piel tiene muy buena memoria. Y estas zonas suelen recordárnoslo años después.

  1. El protector solar impide producir vitamina D

Es uno de los argumentos favoritos de los detractores del SPF. Sin embargo, la evidencia científica no respalda esa idea.

Aunque el protector solar reduce la cantidad de radiación UVB que alcanza la piel, en condiciones reales de uso la mayoría de las personas siguen sintetizando vitamina D con normalidad gracias a la exposición cotidiana que reciben durante sus actividades diarias.

Si existe un déficit de vitamina D, la solución debe buscarse mediante alimentación o suplementación supervisada por un profesional, no dejando de usar protección solar.

  1. Si uso una crema SPF 30 y maquillaje SPF 20, obtengo SPF 50

Ojalá las matemáticas solares fueran tan sencillas.

“Este es uno de los errores más habituales: pensar que el SPF funciona por acumulación. Pero no es así”, explica Mireia Fernández, directora dermocosmética de Perricone MD.

La protección no se suma como una calculadora. Depende de la cantidad aplicada, de la cobertura conseguida y de cómo se utilicen los productos. El maquillaje con SPF puede complementar la rutina, pero nunca sustituir a un fotoprotector bien aplicado.