Una piel sin arrugas, un cuerpo delgado, una melena ondulada… ¿Quién decidió que eso era la belleza? El CCCB de Barcelona se hace esta pregunta —y unas cuantas más— en ‘El culto a la belleza’, una exposición que demuestra que nuestro ideal de “ser guapas” ha cambiado más veces que las tendencias de pelo.

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CCCB El Culto A La Belleza. Alice Brazzit

De la diosa Venus a las Kardashian

Lo sentimos, Venus de Milo: la belleza no es para siempre. Lo que en la Antigua Grecia era el colmo de la perfección, en otra época podía resultar poco atractivo. Los cánones cambian, pero hay algo que permanece: nuestra fascinación por conseguir ese supuesto cuerpo ideal.

Seamos sinceras: ¿cuántas veces nos hemos mirado al espejo pensando que deberíamos cambiar algo? Una arruguita, una mancha, el pelo, la barriga, las canas, el tamaño de los labios… La lista puede ser infinita. Y precisamente ahí, en esa relación tan íntima —y a veces complicada— que mantenemos con nuestro cuerpo, empieza el viaje de ‘El culto a la belleza’, la exposición que llega al CCCB de Barcelona para desmontar, pieza a pieza, la idea de que existe una única manera de ser bella.

Porque si algo deja claro esta muestra es que la belleza no es universal, ni eterna, ni inocente. Lo que hoy consideramos atractivo puede resultar completamente extraño dentro de unos siglos —o incluso dentro de unas décadas—. Los cánones cambian, pero nuestra necesidad de perseguirlos permanece.

El culto a la Belleza. Zed Nelson

Katie, ganadora Concurso de Belleza de Texas. Zed Nelson

Cuando ser guapa se convierte en una obsesión.

Durante siglos, belleza y virtud fueron casi sinónimos. Lo bello se asociaba con lo bueno, lo puro y lo deseable. Y, de paso, la juventud se convirtió en un valor supremo. Una auténtica dictadura de la juventud, vaya.

¿Te suena, no? Solo hay que echar un vistazo a nuestro neceser para comprobar que la batalla contra el paso del tiempo sigue bastante viva. La diferencia es que ahora tenemos sérums, tratamientos, cirugía estética y filtros para echarnos una mano.

Bienvenidas al gran negocio

Porque sí: la belleza también factura. La exposición se adentra en la industria cosmética y explica cómo los productos de belleza pasaron de ser objetos más o menos exclusivos a convertirse en una industria gigantesca. Pero el negocio no consiste solamente en vender productos: también vende deseos.

Y aquí aparece una cuestión bastante interesante: ¿nos cuidamos porque nos apetece o porque alguien nos ha convencido de que necesitamos hacerlo? Probablemente, un poco de las dos cosas.

El culto a la Belleza. Harriet Davey

Creando avatares, Harriet Davey

Del espejo de Narciso al filtro de Instagram

Este es uno de los puntos más actuales de la exposición. Antes nos mirábamos al espejo. Ahora nos hacemos selfies, aplicamos filtros y, si hace falta, nos rediseñamos digitalmente.

La cámara ya no se limita a reflejar cómo somos: puede suavizar la piel, modificar nuestros rasgos y fabricar una versión de nosotras mismas que, seamos sinceras, quizá ni existe.

Y con la inteligencia artificial (IA), la cosa promete ponerse todavía más interesante.

La belleza nunca ha sido solo belleza 

La exposición también reivindica aquello que durante mucho tiempo hemos intentado esconder: la piel que envejece, el pelo que se deteriora  y los cuerpos que se salen del molde. Porque el cuerpo no es una estatua. Cambia, crece, envejece, se transforma y también puede convertirse en una forma de expresión y rebeldía. El resultado es una paradoja bastante moderna: utilizamos nuestra imagen para expresarnos, pero también podemos terminar adaptándola a un ideal previamente construido.

El cabello, por ejemplo, ha sido símbolo de identidad, pertenencia y libertad, pero también objeto de control. Cortarlo, cubrirlo, alisarlo teñirlo o dejarlo crecer puede decir mucho más de lo que parece. Porque de repente, ese gesto aparentemente banal de decidir cómo llevamos el pelo adquiere otra dimensión.

105.1 The Clueless (AITANA)

Aitana, una modelo virtual. The Clueless

La nueva belleza: hacer lo que te dé la gana

Y aquí está la gracia de la exposición. No pretende decirnos que tenemos que dejar de maquillarnos, olvidarnos de las cremas o renunciar a cualquier tratamiento estético. Tampoco que tengamos que amar cada centímetro de nuestro cuerpo las 24 horas del día. La propuesta es bastante más sencilla: cuestionar quién ha decidido cómo tenemos que ser.

Porque quizá la verdadera libertad estetica no consiste en conseguir el cuerpo perfecto, sino en dejar de perseguirlo. ‘El culto a la belleza’ nos recuerda que cada época ha tenido su propio canon y que siempre han existido cuerpos y bellezas que se han resistido a él.

Así que sí, puedes ponerte tu sérum, maquillarte, dejarte las canas, teñirte el pelo, hacerte un tratamiento o salir con la cara lavada. La cuestión es que la decisión sea tuya.

‘El culto a la belleza’

Centre de Cultura Contemporània de Barcelona – CCCB

Hasta el 8 de noviembre de 2026.

C/ Montalegre, 5 – 08001 Barcelona

Tel. (+34) 933 064 100

Horario: 10 a 20h de martes a domingo. Sala 3.

Precio: 6 euros. Domingos a partir de las 15h gratis.