¿Qué pasa cuando aparentemente “todo ha terminado”? Después de superado el cáncer de mama o de cualquier otro tipo, llega un momento muy esperado: respirar, dejar atrás los tratamientos oncológicos y recuperar la normalidad. ¿Es eso posible?

Después empieza el proceso de recuperación y quizás un poco más de tratamientos oncológicos en casa, en la esteticista, en el dentista y una serie de revisiones médicas por si el cáncer vuelve. Siempre en observación porque somos unas supervivientes privilegiadas.

Esta es una realidad que sigue siendo poco visible y de la que necesitamos hablar con muchos especialistas. Desde la Fundación Ricardo Fisas Natura Bissé, hemos hablado con Meritxell Sole, Directora Ejecutiva de la Fundación y nos ha respondido a algunas preguntas.

Meritxell Solé Fundación Ricardo Fisas Natura Bissé

En esta entrevista con Meritxell Solé, directora ejecutiva de la Fundación Ricardo Fisas Natura Bissé hablamos de imagen y autoestima.

Temas por los que casi siempre se empieza porque nos importa vernos bien y que nos vean bien. En esta fase del fin de los tratamientos oncológicos queremos recuperarnos y volver a vivir la normalidad. El cuidado de nuestra imagen parece un tema frívolo y superficial, pero en realidad no lo es. Nuestro cuerpo necesita ponerse en marcha, recuperar músculo y estar en paz y alegría. Nuestra piel y nuestro cuerpo reflejan siempre nuestro estado de salud y belleza. Empezando por la cara, la piel, el cabello, las uñas, las cejas o las pestañas. Ese chasis visible que refleja siempre como estamos por dentro. Porque todo ha cambiado, y también nuestra relación con el propio cuerpo, con la propia imagen y con el resto del mundo.

¿Por qué la quimioterapia deja la piel tan sensible e irritable?

La quimioterapia actúa sobre células que se dividen rápidamente y, aunque su objetivo principal son las células tumorales, también puede afectar a células sanas del organismo, incluidas las de la piel y sus estructuras asociadas. Esto puede alterar la capacidad de la piel para mantener su hidratación y su función de barrera, haciendo que aparezcan con mayor facilidad sequedad, tirantez, descamación, picor, enrojecimiento o una mayor sensibilidad.

Además, determinados tratamientos pueden producir cambios en la pigmentación o aumentar la sensibilidad frente a factores externos como el sol, el frío, el calor o determinados cosméticos. Por eso, durante esta etapa es especialmente importante simplificar las rutinas y tratar la piel con suavidad, evitando productos o hábitos que puedan irritarla.

No obstante, es importante recordar que no todos los tratamientos oncológicos producen los mismos efectos ni todas las personas reaccionan de la misma manera. Ante cualquier cambio importante en la piel, lo recomendable es consultarlo siempre con el equipo médico.

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¿Qué ingredientes van bien durante la quimioterapia y después?

Más que buscar un ingrediente concreto, durante el tratamiento oncológico debemos priorizar fórmulas sencillas, suaves y respetuosas con la barrera cutánea. Son especialmente interesantes los productos con activos humectantes y emolientes que ayuden a mantener la piel hidratada y confortable, siempre adaptados a las necesidades de cada persona.

También es recomendable evitar, salvo indicación profesional, fórmulas con alcohol, perfumes, colorantes u otros ingredientes potencialmente irritantes, especialmente cuando la piel está sensibilizada. Las texturas cremosas y emolientes pueden ayudar a reducir la sequedad y la sensación de tirantez.

En este contexto, no debemos olvidar que “natural” no significa necesariamente “mejor” o “más seguro”: incluso determinados ingredientes de origen natural pueden provocar irritación o sensibilización. Por eso, la selección de productos debe hacerse teniendo en cuenta el estado de la piel y, durante el tratamiento, siguiendo las recomendaciones del equipo oncológico.

Después del tratamiento, la piel puede necesitar un periodo de recuperación y continuar estando más sensible durante un tiempo, por lo que conviene mantener una rutina progresiva y respetuosa, sin introducir demasiados productos o activos de golpe.

Descansar Después De Los Tratamientos Oncologicos

¿Hay algunos consejos de la vida diaria que pueden influir positivamente en el autocuidado con reflejo en la piel y el cabello?

Sí. El autocuidado durante un proceso oncológico no tiene que ver únicamente con los productos cosméticos, sino también con pequeños hábitos cotidianos que pueden ayudar a preservar el confort de la piel y el cuero cabelludo.

  • Algunas recomendaciones sencillas son utilizar agua tibia en lugar de muy caliente, realizar duchas cortas, secar la piel mediante pequeños toques en lugar de frotarla y aplicar la hidratación inmediatamente después del baño, cuando la piel todavía conserva cierta humedad.
  • También es importante protegerse del sol y evitar productos con perfumes o alcohol cuando la piel está especialmente sensible.
  • En cuanto al cabello y al cuero cabelludo, conviene tratarlos con delicadeza, evitando fricciones innecesarias y productos potencialmente irritantes. Si existe caída del cabello, también es importante cuidar especialmente el cuero cabelludo y protegerlo frente al sol y las temperaturas extremas.
  • Hay una parte del autocuidado que no es visible: descansar, mantener una alimentación adecuada según las indicaciones del equipo médico, buscar momentos de bienestar y permitirse pedir ayuda también forman parte del cuidado integral. El objetivo no es establecer una rutina de belleza perfecta, sino encontrar aquellos pequeños gestos que hagan que la persona se sienta más cómoda y cuidada durante el proceso

¿Qué importancia tiene la autoestima durante el tratamiento oncológico?

La autoestima tiene un papel muy importante porque un proceso oncológico no afecta únicamente al cuerpo, sino también a la manera en la que una persona se percibe y se relaciona con su propia imagen. La caída del cabello, los cambios en la piel, las cejas o las pestañas, las
cicatrices o las modificaciones en el peso pueden hacer que una persona deje de reconocerse frente al espejo.

Por eso, cuidar la imagen durante el tratamiento no debería entenderse como algo superficial ni como una obligación de “verse bien”. Se trata de ofrecer a la persona herramientas para que pueda seguir reconociéndose, recuperar cierta sensación de normalidad y mantener el vínculo
con su propia identidad en un momento en el que muchas cosas escapan a su control.

La estética oncológica puede contribuir precisamente a esto: desde el cuidado de una piel sensibilizada hasta el acompañamiento en los cambios del cabello, las cejas o las pestañas.

Son pequeños gestos que pueden devolver sensación de control, bienestar y confianza. Y es importante respetar siempre cómo quiere vivirlo cada persona. Habrá quien encuentre bienestar en maquillarse o cuidar su piel y quien no quiera hacerlo. Ambas opciones son válidas.

¿Cómo pueden ayudar las personas de nuestro entorno y familiares ayudarnos a sobrellevar el largo proceso oncológico desde el diagnóstico hasta la recuperación?

Una de las cosas más importantes que puede hacer el entorno es acompañar sin imponer. Cada persona vive el cáncer de una manera diferente y no siempre necesita consejos; muchas veces necesita simplemente sentirse escuchada, comprendida y acompañada.

También puede ser muy útil ofrecer ayuda concreta en lugar de un genérico “si necesitas algo, dímelo”: acompañar a una cita, ayudar con las tareas cotidianas, facilitar momentos de descanso o simplemente estar disponible para compartir un rato de normalidad.

En relación con la imagen y el autocuidado, es importante no minimizar los cambios físicos con frases como “lo importante es que estés bien”. Por supuesto, la salud es lo prioritario, pero eso no significa que la pérdida del cabello, los cambios en la piel o dejar de reconocerse frente al espejo no puedan generar tristeza o inseguridad. Validar esas emociones también es una forma de acompañar.

Y, sobre todo, recordar que el proceso no termina necesariamente cuando termina el tratamiento. La recuperación también puede ser una etapa de adaptación física y emocional.

Acompañar durante ese después de los tratamientos oncológicos, cuando aparentemente todo ha terminado. Pero la persona todavía está reconstruyendo su día a día, puede ser tan importante como estar presente en los primeros momentos del diagnóstico.