Resaca, soluciones del día después

No falla. Es beber un poco más de la cuenta y ¡zas! resacón en Las Vegas -y en tu provincia- al día siguiente. Apeémonos de este carrusel de emociones con buenas .

La conoces tanto como a tu prima hermana, pero aun así te vamos a explicar sus más crudas manifestaciones. La resaca es ese estado físico y mental que te sobreviene ‘el día después’ y que se acompaña de molestias ingratas como dolor de cabeza, deshidratación, náuseas, malestar general, depresión del estado anímico… y la firme y ya proverbial promesa de no volver a beber nunca jamás.

Antes de que la incumplas, que lo harás a menos que te fecunden un óvulo o entres en coma o en un monasterio budista, sé más ‘cuqui’ y no cargues las tintas de tu sobre tu flaqueza de voluntad, sino sobre tu falta de estrategias anti decadencia. Beber en exceso no es nada recomendable y lo sabes bien por el ejemplo de, ehm, tus amistades, pero a veces hasta un par de cervezas pueden producir un cortocircuito en el sistema. Y no digamos una fiesta de guardar como las que se nos avecinan, tan espirituales y espirituosas ellas y tan de darle al frasco carrasco.

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“Inteligencia cosmética”: compra sin que te tomen el pelo

La , ‘primero que todo’, se lee. Descubre qué queda en las cremas una vez las despojas del .

Se acabaron los actos de fe. El consumidor demanda nociones científicas, estudios a doble ciego, compromiso ético y social y efectividad. O, por lo menos, resultados realistas. Inteligencia cosmética.

Hay mucha confianza en el acto de comprarse una crema. Prácticamente se puede equiparar a la oración de los angelitos que guardan mi cama. Confías en una marca bien posicionada porque percibes valores que te dan la seguridad necesaria para desembolsar lo que te pidan por ella. Más importante aún, para someter a escrutinio los resultados con cierta generosidad (‘pues sí parece que se suavizan las arrugas con este contorno’). El marketing es tan despreciable como admirable: nos convierte en creyentes y, en muchos casos, lo hace con arte y salero.

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Pezones no, adelgazar sí. ¿Cómo se come eso, Instagram?

La popular telaraña social censura los pezones femeninos mientras que alaba los escotes con canalillo y los productos adelgazantes.

A Instagram no le gustan los pezones, por mucho que nos empeñemos. Al parecer, ofenden su delicada sensibilidad y deben eliminar la publicación para evitar este impacto a otros usuarios. Pero, eso sí: sólo si puntean las mamas femeninas y no forman parte de una campaña publicitaria. Si son mamas de interés comercial o de hombre, no son pezones. 

Instagram nos protege de nosotras mismas. Nos cuida y nos sueña jóvenes, guapas, delgadas y recatadas. O, en cualquier caso, influyentes embajadoras de marcas. Por ello, elimina los pezones, pero consiente que como Khloe Kardashian, Cardi B. o Iggy Azzalea promocionen batidos placebo con los que perder mucho peso en tiempo récord (‘porque no siempre puedo cuidarme como debería’), fajas que te comprimen los higadillos (‘porque no siempre da tiempo a ir al gimnasio’) o cualquier otro invento que transmita a las mujeres que sus cuerpos no son válidos. Inventos que, lejos de hacerte sentir poderosa y segura, te van haciendo la vida menos divertida, más incómoda, más opresiva. Menos libre.

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Pero… ¿por qué diablos engordo más en invierno?

El binomio “mantita y Netflix” no es el único culpable de que te cueste abrocharte la ropa en .

El término ‘hibernar’ atañe a muchas especies del reino animal. En todas significa lo mismo: acopio de grasa.

Las razones son múltiples y de sobra conocidas. Los días son más cortos, el mundo exterior parece hostil y la vida se torna mucho más sedentaria. El cuerpo, con esa sabiduría suya, empieza a ‘pedir’ platos contundentes, ricos en calorías que nos ayuden a combatir el frío, aunque el ser humano ya no viva a la intemperie. Para colmo, allá por diciembre celebramos una (maravillosa) bacanal de gastar, comer y beber con los seres queridos. Lugares invernales comunes que nos conducen, casi invariablemente, a lidiar una batalla con la báscula.

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Planeta

¿Qué podemos hacer para frenar el cambio climático?

Ya no hay excusas: el cambio climático es un hecho y la fecha tope para luchar contra él es 2030.

¡Vaya verano hemos tenido! A los incendios del Amazonas en Brasil: 72.843 focos entre enero y el 20 de agosto o la DANA de la Vega Baja del Segura y otras zonas a principios de este mes de septiembre se unen el huracán Dorian que azotó parte de la costa este de Estados Unidos, los más de 10.000 incendios en Angola, Zambia y la República Democrática del Congo en agosto de este año, más incendios en la islas Canarias, alertas de tsunami en Indonesia… ¿Qué está pasando? Pasa, ni más ni menos, que el cambio climático es ya un hecho imparable que traspasa fronteras y que no distingue entre países. Es el momento de frenar de verdad.

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Cosmética Sin

Cosmética sin engaños: toca cumplir la ley

La nos da seguridad. El Reglamento de la Unión Europea, que acaba de entrar en vigor, obliga a que las marcas de a etiquetar sin engaños ni medias verdades.

Cremas para el rostro, serum, anticelulíticos, labiales, lacas de uñas… ¿Cuántos de estos productos tienes en tu cuarto de baño? Muchos, es verdad y algunos, en la cajita, pone “sin” esto, o “sin” lo otro, o “sin” lo de más allá. Y nosotras, nos lo creemos. Pues no. Nada más lejos de la verdad. Acaba de entrar en vigor un reglamento de la Unión Europea, de obligado cumplimiento, que pone a cada uno en su sitio y que establece los criterios que deben primar en los cosméticos. 

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