La noche del Titanic, 100 años después en el Balneario de Leana

Este 2012 se cumplen 100 años del hundimiento del Titanic. Si pienso en este famoso naufragio, a mi cabeza –y supongo que a la de todos- regresa la historia de amor de Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, con  la que James Cameron arrasó en taquilla y que la convirtió en la película más vista de la historia, ¿quién no fue al cine a verla?

Y no porque se celebre este aniversario nos ha venido a todos a la mente este hecho, el desastre del Costa Concordia, con huída del capitán italiano –chulo y cobarde como él solo- de por medio, nos lo ha recordado a todos. Los cruceros no están en su mejor momento, porque después del Concordia, llegó el Costa Allegra, que se quedó tirado en medio del océano Índico –por cierto, que los nombrecitos de los barcos parecen una broma visto el final que han tenido-. Por eso, mejor quedarse en tierra firme y conmemorar este siglo desde el naufragio del Titanic con el mar lo más lejos posible, por lo que pueda pasar: el Balneario de Leana en Fortuna (Murcia) celebrará una cena benéfica que reproducirá el 14 de abril, la noche del Titanic 100 años después de su hundimiento. Porque su relación con este barco es una historia de película. Seguir leyendo…

Volver al Balneario de Fortuna-Leana, un viaje al pasado con regreso al futuro en una estación termal con spa

Volver al de Fortuna-Leana me había reavivado algunos felices recuerdos de esa infancia reencontrada en aquel palmeral en medio del desierto murciano; realmente un pequeño oasis. Esperaba con horror (no sé porqué siempre me pongo en lo peor) encontrarme un pasado en ruinas o un presente de puertas corredizas abriendose paso a un brillante futuro metálico iluminado por esa evolución repentina y provinciana que se empeña en modernizarlo todo con un diseño prestado, incongruente  y casi siempre desubicado. Desgraciadamente esa es la tendencia reinante en muchos balnearios españoles que han perdido su identidad. Sin embargo, la realidad me sorprendió gratamente en Leana, de pronto me ví caminando directamente por los mismos pasillos que correteaba de pequeña, a lo largo de sus infinitas losetas relucientes dispuestas igual que siempre como un dámero de ajedrez. Nada más llegar al hotel y atravesar la puerta giratoria de estilo art noveau fue como penetrar directamente en el pasado perfecto. Con cada crujiente paso me parecía escuchar de nuevo las voces familiares que no podría volver a oír más que en sueños.

El Hotel Balneario no sólo se conserva si no que estaba mejor que nunca, recién pintado y con todos sus engranajes a punto. Antes de probar sus aguas medicinales comprobé que todo seguía en su lugar, la piscina exterior de agua caliente se había multiplicado y sus instalaciones eran más grandes, espaciosas y con unas vistas panorámicas desde donde sopla la brisa marina. En el jardín intermedio había crecido la estatua de la Diosa Leana, el mito recuperado que rinde homenaje a las primeras termas romanas. Entre los soportales, en el Casino se inauguraba un nuevo Café Teatro que conciliaba de nuevo su historia con el mejor estilo. Y ese fue el motivo del blogtrip que me había arrastrado insospechadamente hasta allí por las estrechas vías de un tren que paró en una estación un tanto fantasma: Fortuna.

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