Test genético de la Clínica Londres para la prevención de la obesidad o las enfermedades cardiovasculares

Imagen que simula la secuencia de un genoma en un plato

Siempre que asisto a una presentación en la que una modelo fantástica es la imagen de alguna firma, me parece que estoy asistiendo al Día de la Marmota, porque se repite una y otra vez la misma situación. Pregunta de rigor: ‘¿qué haces para estar así?’ y respuesta de manual, ‘la verdad es que yo como de todo, pero es que tengo una genética fantástica’. En mi cabeza siempre se me aparece una secuencia de ADN con cara y cuerpo de modelo, así deben ser, mirados al microscopio sus genes. A unos les toca la lotería, a otros una genética envidiable -cuando las dos cosas- y a otros muchos –la mayoría, por cierto- una genética normal y corriente y llegar a fin de mes como pueden.

Gracias a los enormes avances en genética y al estudio del genoma, se puede saber quiénes fueron nuestros antepasados, y qué características hemos heredado de ellos –no si tienen cara y cuerpo de modelos, pero casi-. Bromas aparte este descubrimiento es algo verdaderamente extraordinario. Hasta hace poco lo máximo que se podía hacer para adelantarse a las enfermedades era la preventiva, que no era más que detectar los primeros signos de la enfermedad antes de que se dieran los síntomas. Pero los test genéticos permiten adelantarse a cualquier signo de la enfermedad, adelantarse prácticamente a ella, es un paso por delante y de gigante. Permiten conocer las posibilidades que tiene una persona de tener determinada enfermedad y así poder retrasar su aparición y en otros casos evitar que se manifieste.

Uno de los campos donde se está trabajando es en la genética aplicada a la nutrición. Saber, leyendo nuestros genes, si somos propensos a la obesidad o a padecer enfermedades cardiovasculares, y evitarlas a través de la nutrición. Se trata de programas de genética preventiva que ya se empiezan a aplicar en centros como la Clínica Londres. ¿Qué te dicen tus genes? Seguir leyendo…

Omega 3, la lista de beneficios para la salud se multiplica

La publicidad hace que nos familiaricemos con muchos términos, algo técnicos, sustancias, componentes de los alimentos y que los anuncios nos convencen de que son importantísimos para nuestro cuerpo: L. Casei Inmunitas, ácidos omega 3 y oleico, bífidus…, ¿te suenan, verdad? Una terminología algo compleja, que no sabemos lo que significa, pero que tenemos la creencia de que son ‘requetebuenos’ ¡ay, la publicidad!

Uno de estos términos que escuchamos todos los días son los famosos Omega 3. Forman parte de nuestra porque son muchos los alimentos que los incluyen en su etiquetado, pero ¿sabemos realmente lo que son y sus beneficios? Los ácidos grasos omega 3 son ácidos grasos esenciales -que el organismo humano no puede fabricar a partir de otras sustancias y debe obtenerlos de los alimentos- poliinsaturados y que nuestro cuerpo necesita para funcionar correctamente. Gracias a ellos se forman las membranas celulares, las hormonas, la retina y contribuyen al correcto funcionamiento del sistema inmunológico, de las neuronas y las transmisiones químicas. Además, se ha demostrado que son eficaces para prevenir y tratar muchas enfermedades crónicas y no sólo las .

Los omega 3 se encuentran en ciertos pescados, fundamentalmente el pescado azul, en los bivalvos (mejillones, ostras, almejas, vieiras) algunos vegetales (chía, soja, lechuga, espinacas, pepinos, coles, fresas, piña…), en frutos secos como las nueces o las almendras, en aceites vegetales como el de linaza, de soja o de nuez…

Tomar ácidos grasos omega 3 a través de la o de complementos alimenticios ayuda a prevenir y tratar distintas enfermedades crónicas –además de las cardiovasculares- como las enfermedades inflamatorias, dermatológicas o cognitivas. Estas son sólo algunas de las conclusiones del congreso Infarma 2012.

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Análisis y estudios genéticos, la puerta de la medicina genómica y la llave para la prevención y el tratamiento personalizado

 

"", de Albert Oehlen

Últimamente he recibido un par de informaciones sobre un tema fascinante que no me era del todo desconocido: la medicina genómica.

Mi primer contacto con la “genoquéeee” fue hace unos tres años, a través de la web 23andme, alojada en ese limbo fuera de toda ley –y que se mantenga así toda la vida, a cuenta del criterio individual- que es .

De su veracidad no opino porque no es el tema. Nunca mandé mi saliva a California, pero sirvió para implantar el término en mi baqueteado cerebro e investigar un pelín en su día.

Básicamente, la medicina integra la genética en la medicina tradicional. Define mediante un análisis genético cuál es tu predisposición personal a padecer determinadas enfermedades, a título preventivo y paliativo.

En el mejor de los casos –aquí es donde ya no llegan las páginas de internet-, una vez cartografiado tu mapa genético, un especialista en la materia traduce todo ese intrincado lenguaje de genes al que manejamos el común de los mortales, y de manera clara y específica, te dalos códigos de uso sobre esa valiosa herramienta que ahora posees. La clave es la personalización del tratamiento. No valen normas generales, se aplica lo que realmente necesitas.

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