Belleza pura para el día de la madre: algunos productos cosméticos que harán sus delicias

Belleza pura el regalo de un hijo para una madre y viceversa.

El origen de la palabra madre se encuentra así mismo en la que es nuestra lengua… matriz: el latín.

Mater, materia, matriz, matriarca, madre, madriguera… Todo remite a lo mismo: un entorno cerrado, exclusivo, acogedor, cálido, familiar.

Yo tengo la teoría –comprobada en un 90% de los casos-, de que la relación de una mujer con su madre es casi siempre tirando a complicadilla. No sé por qué. La misma energía bifurcada debe converger en algunos puntos y chocar en otros. El caso es que conozco a muchas mujeres que han tenido –o siguen teniendo- relaciones difíciles con su madre o con su hija.

Siempre hay un momento de necesario distanciamiento con los padres. Entiéndase “distanciamiento” como un amable eufemismo… ¡En mi caso, mi madre y yo no nos matamos de milagro!

Al hilo de esto, decía Wilde que a los padres se les adora, se les odia y finalmente se les perdona. Ese debe ser uno de los pasos clave de la madurez, porque pocas relaciones marcan tantísimo, para bien y para mal, como la que se mantiene con la madre y el padre.

Mi madre tenía también sus aforismos –éste en concreto, heredado de la suya-: “no sabrás cuánto te quiero hasta que tú misma seas madre”. Y tenía toda la razón. He tenido que “graduarme” para entender muchísimas cosas, abrir los ojos, y perdonar todos los reproches pasados, así como para entender un poco de qué va el juego del amor y de las relaciones afectivas. Porque la que se tiene con la madre es la relación más íntima y estrecha, ésa que nos convierte en niñas aunque seamos ya unas bigardas hechas y derechas y ésa a la que siempre recurrimos para chivarnos cuando el mundo nos trata mal. Para que nos defiendan como leonas enfurecidas y podamos pensar durante un rato que todo irá bien.

¡Vivan ellas!

Porque su comida misteriosamente siempre sabe mejor y porque siempre volvemos a  sus brazos, hemos elegido algunos productos con los que agasajarlas el primer domingo de mayo.

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Fridda Dorsch presenta su línea de productos a base de células madre vegetales

“Yo” –realmente no es nada tremendamente innovador e inaudito- tengo la teoría de que hay que acompañar algunos productos con una buena historia.

Somos sensibles a lo que nos cuenten, capaces de conmovernos –y de consumir-, si nos toca de alguna manera.

Por poner un ejemplo con un bien de uso muy común: no es lo mismo un huevo del que nos dicen que procede de gallinas camperas, criadas en libertad en una granja bucólica, alimentadas a voleo por un señor que se llama Manolo que las conoce a todas por su nombre, que el mismo huevo sin conocer todo eso.

La historia de la marca Fridda Dorsch también es particular e intransferible. Es la historia de una mujer luchadora que llega al mundo de la cosmética a raíz de una desgracia: la pérdida de un hijo por incompatibilidad entre sus respectivos RH.

A este terrible dolor se suma una severa reacción alérgica e irritaciones en la piel inasequibles a antibióticos ni dermocosméticas conocidos, además de edema en todo el rostro, estrías faciales, flaccidez, alergias…

Espoleada por esta circunstancia, Fridda cursó estudios de Medicina Natural por la Universidad de Miami, con el objetivo de descubrir las claves para mejorar el deterioro causado por su enfermedad. Tras cinco años de estudios, Ana Fridda se doctoró en Naturopatía.

Experimentando con diversos extractos naturales, ella misma fue su primera cliente y la primera en comprobar la efectividad de sus productos. Su castigada piel se volvía más firme, las arrugas más lisas, las manchas se aclaraban y el cuello se reafirmaba, recuperando un aspecto notablemente más joven.

Su laboratorio, situado en Madrid, funciona desde 1980, y es la base de su línea de dermocosmética de marcado poder regenerador.

Pero, ¿dónde reside el secreto de sus formulaciones? Como siempre, en los ingredientes, en este caso principios activos de máxima calidad “AAA”, en su mayor parte de origen vegetal y marino y en concentraciones de hasta un 97%. La suma de estos y de un proceso especial de rigurosos protocolos de fabricación creados por ella, garantizan resultados sorprendentemente efectivos y rápidos en tratamientos regeneradores y anti-envejecimiento.

Inquieta como pocas, las investigaciones de Fridda han derivado hacia las células madre vegetales, cuyo uso lleva estudiando desde hace diez años.

Es así como nace la línea de tratamiento Stem Cells de Fridda Dorsch, formulada con procedentes de la manzana suiza Spätlauber.

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