La gula en las comidas de Navidad y las Gulas del Norte, un sucedáneo de las angulas a base de surimi; pura proteína de pescado

Por estas santas fechas conviene recordar qué es la porque creo que se ciñe mucho a lo que son las celebraciones navideñas. Antes de atiborrarnos a comer y beber para festejar paradojicamente el nacimiento de Jesucristo conviene saber que la gula tiene categoría de pecado capital y viene reseñada en La Biblia por activa y por pasiva. “No estés con los bebedores de vino, ni con los comedores de carne; porque el bebedor y el comilón empobrecerán, y el sueño hará vestir vestidos rotos.” Proverbios 23:20-21. “El que guarda la ley es hijo prudente; mas el que es compañero de glotones avergüenza a su padre.” Proverbios 23:2 proclama, “Y pon cuchillo a tu garganta, si tienes gran apetito.” De repente me ha venido un flash de Pulp Fiction…

La gula es uno de los siete pecados capitales según la Iglesia católica romana, es decir un pecado mortal de los que destruye la vida de gracia y nos lleva a la condenación eterna, a no ser que hagamos penitencia y después de una excesiva nutrición navideña hagamos una perfecta contrición a través de un arrepentimiento máximo y la única dieta posible: comer con sentido común.

Por orden de gravedad es el tercero según el listado oficial de pecados capitales en el mismo orden que utilizó el papa romano san Gregorio Magno (circa 540-604) en el siglo VI. Más tarde, el poeta Dante Alighieri utilizó el mismo orden en su obra La Divina Comedia (c. 1308-1321).

El primero es lujuria, el segundo: pereza, gula en el tercer puesto y luego: ira, una cosa muy fea y demasiado visceral, después envidia ; algo también espantoso, a continuación: avaricia y para finalizar: soberbia. Cada uno merece un capítulo, pero ahora toca gula, ese deseo desordenado e incontrolado por el placer conectado con la comida o la bebida. Si nos ajustamos a su aspecto pecaminoso según dicta la religión católica, podemos destacar 5 aspectos bien delimitados:

1- Comer o beber en exceso, más allá de lo que el cuerpo necesita.
2- Cortejar el gusto por cierta clase de comida a sabiendas que va en detrimento de la salud.
3- Consentir el apetito por comidas o bebidas costosas, especialmente cuando una dieta lujosa está fuera del alcance económico
4- Comer o beber vorazmente dándole mas atención a la comida que a los que nos acompañan.
5- Consumir bebidas alcohólicas hasta el punto de perder el control total de la razón. La intoxicación injustificada que termina en una completa pérdida de la razón es un pecado mortal.

Contra cada uno de estos pecados hay una virtud o alternativa, en el caso de La Gula  es La Templanza, una virtud que aboga por el equilibrio y el control de los apetitos físicos y mentales.  Si somos incapaces de controlar nuestros hábitos alimenticios, probablemente también somos incapaces de controlar otros hábitos como lascivia, avaricia, ira, e incapaces de cerrar la boca frente al chisme o el conflicto. Somos nosotros los que debemos tener el control sobre nuestros apetitos. (Ver Deuteronomio 21:20, Proverbios 23:2; 2 Pedro 1:5-7, 2 Timoteo 3:1-9, y 2 Corintios 10:5)

Por favor, no te dejes llevar por la corriente de excesos, practica la habilidad de decir: no y el auto-control (Gálatas 5:22) o sino corres el riesgo de perder completamente el norte. Si es así, puedes probar con moderación un platillo delicioso y nada pecaminoso que enlaza ambos conceptos.
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