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Prótesis de mama, ¿son seguras?

Una investigación periodística mundial denuncia fallos en el control de implantes de uso sanitario.

Prótesis de rodilla y cadera, marcapasos y ‘stents’, bombas de insulina, lentillas intraoculares, prótesis de mama y otros miles de implantes están en el punto de mira. 59 medios internacionales de 36 países han colaborado en esta investigación coordinada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). Desde el Ministerio de Sanidad llaman a la calma, y la AECEP (Asociación Española de Cirugía Estética Plástica) asegura que los implantes de mama son seguros. Seguir leyendo…

El implante de pecho cumple medio siglo con polémica PIP, PIP incluida

Alexey Nikishin

Se ha hecho mayor, el implante de silicona cumple 50 años y lo hace con más polémica que nunca después del escándalo de los . En este medio siglo de vida se ha convertido en la segunda operación de cirugía estética más popular de mundo –por detrás de la liposucción-, en 2010 un millón y medio de mujeres pasaron por el quirófano para ponerse un implante de pecho. En España unas 40.000 mujeres se aumentan el pecho cada año, actualmente medio millón de españolas llevan implantes mamarios.

Y como en todo, las modas cambian, en los años 20 del siglo pasado se llevaba el pecho plano; en los 50 Marilyn Monroe encarnaba el icono de mujer y todas querían sus generosos y voluptuosos. En los años 60, la revolución feminista y los ‘sujetadores fuera’ volvieron a imponer el pecho pequeño. En la década de los 80 volvieron los pechos grandes y muy grandes, así continuaron en los 90 –creo que una generación entera de hombres todavía recueran a Pamela Anderson corriendo por las playas de California-. Ahora, salvo excepciones, se impone lo natural. Pero la historia de los implantes de silicona tiene su miga. Seguir leyendo…

La polémica sobre los implantes PIP y su calado en cirujanos españoles y portadoras

El entorno comprendido por cirujanos estéticos y portadoras de implantes de mama anda conmocionado estos días a cuenta de la polémica generada por los (Poly Implant Prothèses), de origen francés. Este tipo de prótesis se retiró en marzo de 2010 porque se descubrió que el gel de silicona que contenía no era el declarado –y el aprobado para la comercialización por la UE-, sino uno más barato y de menor calidad.

El problema se ha localizado  porque estos implantes se rompen con mayor facilidad, con lo que la operación “de por vida” que se garantiza hoy en día a la paciente, ha devenido en repetidas operaciones en algunos casos –con el consiguiente desgaste psicológico y personal para las afectadas-

La Secpre se ha pronunciado apelando a la calma y asegurando que no es “en absoluto necesaria” la retirada de los implantes a menos que exista una complicación patente, como la de la rotura de la mama. La silicona de los PIP en principio no es tóxica ni cancerígena, como no lo es ningún componente de los implantes de uso aprobado. El procedimiento recomendado se resume en acudir a la consulta a revisar los implantes, sin cambiarlos de no estar rotos.

Entre los medios, algunos han reaccionado ante los cirujanos acusándoles de “tirar balones fuera”, ya que existen convenios con los fabricantes, que también sufragan congresos, y no es descabellado sugerir que no vayan a “morder la mano que les da de comer”.

Las portadoras de implantes PIP piden que sean los propios cirujanos quienes costeen la retirada de las prótesis defectuosas. La protesta de algunas voces de la opinión pública no se ha hecho esperar, planteando un debate sobre la frivolidad de la operación inicial que las metió en este embolado… Raro sería que en nuestro país no surgiera el dedo acusador buscando la culpa en la víctima. ¿Se merece alguien el sufrimiento, por muy frívolo que sea? ¿Quién lo decide y por qué?

Debates morales aparte, se trata de un tema de salud, de estafa y de negligencia médica que acarrea daños a la sociedad, arroja la duda sobre el colectivo de cirujanos españoles y que hay que solucionar, que opinar es gratis y a todos nos encanta -¡hola! yo, mi Superyo y mi yo-yo también tenemos opinión, pero nos la reservamos-, pero resolver ya es otro tema. Y es en lo que habría que centrarse.