Aire puro, embotellado, en burbuja, a domicilio o al aire libre y serrano

Vendedores de humo hay muchos y no me refiero solamente a Marlboro, Winston o Davidoff, también está el humo de las chimeneas, del tráfico, de las industrias más o menos pesadas que sulfuran el ambiente con extra de nitrógeno. Hay mucha combustión a nuestro alrededor, y el aire puro empieza a ser un bien escaso y considerarse un artículo de lujo como todo lo puro en este contaminado mundo. La contaminación atmosférica no sólo perjudica la salud , es responsable de provocar 370.000 muertes prematuras al año en Europa, en España la cifra concreta es 16.000, y para mi sorpresa, según la OMS  las ciudades españolas más contaminadas son Zaragoza, Sevilla y Granada.

Cosa rara que Madrid no figure en los primeros puestos, aunque en el cuarto lugar aparece Torrejón de Ardoz, muy próximo a la urbe donde me ubico, y donde los bares y restaurantes anuncian invariablemente espacio libre de humos. ¿Libre de humos? Ja! Muchas mañanas a la hora  de abrir las ventanas y ventilar  mi casa, casi no me atrevo a salir de ese cálido hermetismo hogareño porque a veces me da la impresión de que lo que entra por las hojas abierta de par en par  es mucho peor de lo que sale por los respiraderos. Pero en fin, hay que ventilar y renovar el aire por otro más oxigenado y no al revés. Pero mejorar la calidad del aire es un asunto cada día más turbio porque abundan las sustancias non gratas en suspensión invisible, a saber: óxidos de azufre, monóxido de carbono, óxido de nitrógeno, hidrocarburos y otras sustancias químicas invisibles y tan etéreas como dañinas.. Todos tenemos bastante claro que el aire que respiramos no es igual de limpio desde que se inventó la máquina de vapor a finales del siglo XVIII. A partir de ahí sólo hay que sumar humos incluidos los de los volcanes en erupción.

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