Observa tu respiración, una técnica de Nascia te ayuda a mejorar la forma de respirar y de paso tu sistema inmune

¿Te has fijado en cómo respiran los bebés y los niños? Realizan inhalaciones plenas, profundas, en las que se ve cómo se llena hasta el último rincón de su abdomen. Esta es la manera natural de respirar, que vamos perdiendo con el paso del tiempo y el aumento del ritmo de vida/estrés.

Una incorrecta respiración no es cuestión baladí. Se relaciona directamente con cuadros de ansiedad, depresión, fatiga, insomnio, trastornos digestivos, aumento del riesgo cardiovascular… Todo lo que no apetece padecer y que en algunos casos puede solucionarse o mejorar con algo tan sencillo como tomarse el tiempo de alimentar las castigadas células con rico oxígeno bien conducido.

Por fortuna, y como todo, el camino desaprendido puede volver a aprenderse.
¿Cómo?

 

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¿Sabemos respirar? o sólo metemos aire en nuestros pulmones. El pranayama, la milenaria cultura hindú nos da pistas

La vida depende absolutamente del acto de respirar. El hombre puede vivir durante algunos días sin comer, algunos menos sin beber, pero sin respirar sólo puede estar unos pocos minutos. Respirar es vivir, y no hay vida sin respiración. Por muchas diferencias que pueda haber entre la manera de entender la vida de Oriente y Occidente ambos admiten este principio fundamental.

 

Cuando nacemos hasta que no rompemos a llorar no se nos considera vivos, el llanto es el paso simbólico y físico del vientre materno a la vida. El indicativo de que nuestros pulmones funcionan y estamos preparados para afrontar lo que venga por delante. Los orientales dicen que venimos al mundo con un determinado número de respiraciones (inhalación/exhalación) y por tanto si queremos vivir más tiempo sólo tenemos que aprender a respirar profunda y lentamente para agotar ese número de respiraciones lo más tarde posible. A la hora de morir ocurre algo similar el anciano da un débil suspiro, cesa de respirar y la vida llega a su término. Desde el dulce llanto del niño hasta el último suspiro del moribundo, se desarrolla una larga historia de continuas respiraciones.
Oriente siempre ha sabido cuidar y mantener la sabiduría milenaria, integrándola en los tiempos que nos tocan vivir. Con la también nos han mostrado un camino, saben perfectamente que la calidad de la respiración es de vital importancia ya que aporta energía, vitalidad y un estado mental de lucidez, claridad, atención y serenidad, siendo además el vínculo que une el cuerpo a la mente y viceversa.

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